por Josep Tàpies
Hoy hemos iniciado la décima edición del programa Consejos de Administración Responsables, un espacio de formación que llevamos impartiendo año tras año y al que asisten, entre otros perfiles, propietarios y consejeros de empresas familiares.
Según nuestras investigaciones, menos del 10% de las 4.000 mayores empresas españolas pueden considerarse de capital diluido, es decir, cuentan con más de cinco accionistas y ninguno posee más del 50% de participación. En contraste, el 90% restante pertenece a la categoría de capital concentrado o muy concentrado, según nuestra clasificación en dicha investigación.
Esta estructura de propiedad plantea retos específicos en términos de gestión y gobierno corporativo. Uno de los riesgos más habituales en estas empresas es la confusión entre propiedad y posesión. Cuando los propietarios tienen un fuerte sentido de propiedad psicológica, pueden incurrir involuntariamente en errores, interfiriendo en la labor de los órganos de gobierno y en la gestión profesional de la compañía. Para evitar este tipo de problemas, es fundamental que quienes aspiren a ser consejeros conozcan a fondo sus responsabilidades legales y comprendan los límites de su rol. En nuestro programa abordamos estos temas con profundidad, dotando a los participantes de herramientas clave para el buen desempeño de su función.
La importancia de los consejeros independientes
Uno de los pilares fundamentales del buen gobierno corporativo es la presencia de consejeros independientes. Sin embargo, para que realmente aporten valor, deben ser verdaderamente independientes y no figuras decorativas. Un consejero independiente no debe ser simplemente un amigo de la propiedad ni alguien que siempre diga “sí” a todo. Tampoco se debe caer en la figura del consejero florero, alguien sin voz ni peso real en la toma de decisiones. Su papel es aportar una visión objetiva, experiencia y capacidad de análisis para mejorar la gobernanza de la empresa.
El rol del presidente del Consejo de Administración
Otro aspecto clave es el nombramiento del presidente del consejo de administración. Esta figura no debe limitarse a ocupar la silla de la cabecera y ejercer un control absoluto sobre la empresa. Un buen presidente debe actuar con una actitud de servicio, facilitando el funcionamiento del consejo y asegurando que aporte valor a la organización. Su rol es clave para ayudar al CEO a extraer el máximo potencial del consejo y trasladarlo a toda la compañía.
Además, el presidente debe contar con la suficiente autoritas (autoridad basada en el respeto y la experiencia, más que en el poder formal) para ganarse la confianza del CEO y guiar decisiones estratégicas críticas, como el proceso de sucesión en la dirección.
Hacia un gobierno corporativo de calidad
Estos son sólo dos de los aspectos fundamentales que contribuyen a un buen gobierno corporativo. Si empezamos por fortalecer la independencia de los consejeros y definir adecuadamente el rol del presidente, estaremos avanzando en la dirección correcta. La profesionalización de los consejos de administración es clave para garantizar una gestión sostenible y eficiente en las empresas familiares y en aquellas con estructuras de capital concentrado.
Fuente: https://blog.iese.edu/empresario-mundo/2025/claves-para-un-buen-gobierno-corporativo/