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Una voz no habla por un pueblo

por Juan Carlos Valda

A raíz de las declaraciones del periodista Eduardo Feinmann, siento la necesidad de tomar la palabra. No para juzgar a nadie, sino para decir algo que me parece esencial: las palabras de una persona jamás deberían leerse como el sentir de todo un país.

Por eso creo que vale la pena separar dos cosas que muchas veces se mezclan. Una es lo que opina una persona, con su derecho a equivocarse y su responsabilidad por lo que dice; otra, muy distinta, es lo que siente un pueblo hacia otro. Cuando confundimos esos dos planos, le damos a una frase un poder que no le corresponde y le quitamos a un vínculo profundo el valor que sí merece

Desconozco los motivos que llevaron al Sr. Feinmann a expresarse como lo hizo, pero, no los comparto. Creo, con toda sinceridad, que un pueblo tan grande y tan noble no merece ser medido por una sola voz porque cuando yo pienso en México, pienso en mis mejores amigos, en mis hermanos por elección, que nacieron y viven allá. Pienso en la tierra donde me habría gustado nacer si el destino no me hubiera hecho argentino.

Pienso en su calidez humana, esa que se siente apenas uno llega. En sus pueblos mágicos, donde el tiempo parece detenerse. En ese sentido de la amistad que ellos entienden como pocos, y en una historia y una cultura que le han regalado al mundo una belleza imposible de resumir.

A México lo llevo en el corazón y quiero que quede dicho, con todas las letras: una voz no habla por millones. El cariño de este argentino hacia el pueblo mexicano no lo cambia nadie.

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