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La carta que muchos gerentes no se animan a escribirte (en tu rol de empresario pyme)
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La carta que muchos gerentes no se animan a escribirte (en tu rol de empresario pyme)

Por Juan Carlos Valda – jcvalda@grandespymes.com.ar

Estimado empresario

Si pudiera escribirte una carta sin protocolos, sin jerarquías y sin temor a quedar mal parado, probablemente no empezaría hablando de resultados, ni de indicadores, ni de planes estratégicos, comenzaría hablándote de algo mucho más básico y, paradójicamente, mucho más difícil de decirte a la cara: de cómo se vive hoy dirigir esta empresa desde adentro, de lo que pesa tomar decisiones cuando todo termina pasando por ti y de lo complejo que resulta liderar equipos cuando la última palabra nunca está del todo clara de quién es.

No te escribiría desde la queja, sino desde la responsabilidad porque quienes estamos en roles gerenciales sabemos que esta empresa no es sólo tu fuente de ingresos, es tu historia, tu identidad y, en muchos casos, tu vida entera. Justamente por eso, porque entendemos lo que construiste y lo que todavía sostienes, sentimos que ya no alcanza con agradecerte todo lo que hiciste si no podemos hablar de lo que necesitamos hoy para que esto siga funcionando mañana.

Te pediría claridad, no control

Lo primero que te pediría es algo que suele confundirse con pérdida de poder, cuando en realidad es todo lo contrario: claridad. Claridad sobre qué esperás de nosotros como gerentes, hasta dónde llega nuestra responsabilidad real y en qué momentos tu intervención es necesaria y en cuáles nos deja sin margen para liderar.

No necesitamos que estes en todo, pero necesitamos saber en qué sí querés estar. Cuando eso no está explícito, cada decisión se vuelve insegura, cada error se magnifica y cada logro queda a medio camino, porque nunca sabemos si fue suficiente o si podría haber sido distinto según tu mirada.

La falta de claridad no genera orden, genera parálisis y una empresa paralizada por el miedo a decidir no se vuelve más eficiente por tener más controles, se vuelve más lenta y más dependiente.

Te pediría coherencia entre lo que dices y lo que haces

Muchas veces nos pides que asumamos responsabilidades, que pensemos como dueños, que cuidemos los costos y que tomemos decisiones con criterio empresario. Lo que te pediría, con respeto, pero con firmeza, es que eso que dices tenga un correlato real en el día a día.

Cuando delegas una decisión, pero después la revisas, la corriges o la desautorizas frente a otros, el mensaje que baja no es de profesionalización, es de desconfianza. Y la desconfianza no se resuelve con más reuniones ni con más reportes, se resuelve con coherencia.

Los gerentes aprendemos rápido qué decisiones son realmente nuestras y cuáles sólo lo son hasta que no coinciden con tu forma de ver las cosas y en ese punto dejamos de liderar y empezamos a administrar permisos, que es una de las maneras más silenciosas de vaciar un rol.

Te pediría que nos ayudes a pensar, no sólo a ejecutar

Otra cosa que te pediría es espacio para pensar contigo, no sólo para rendirte cuentas. Muchas veces sentimos que las reuniones se transforman en instancias de control del pasado inmediato, cuando podrían ser espacios de construcción del futuro cercano.

Reconozco que tienes una experiencia que no está en los manuales, una lectura del negocio que se fue formando con años de aciertos y errores. Nosotros tenemos tiempo operativo, cercanía con los equipos y, en muchos casos, formación técnica y cuando esas dos miradas no se encuentran, la empresa pierde una oportunidad enorme de crecer con inteligencia.

No queremos reemplazarte, queremos complementarte, pero para eso necesitamos conversaciones donde no todo esté definido de antemano y donde disentir no sea visto como una amenaza sino como una forma de cuidar la empresa.

Te pediría reglas de juego estables

En una PYME, la flexibilidad es una virtud, pero cuando se vuelve imprevisibilidad termina siendo un problema por lo que necesito que definamos juntos algunas reglas claras básicas, no para rigidizar la empresa sino para darle previsibilidad.

Reglas sobre cómo se toman ciertas decisiones, sobre qué se prioriza cuando hay conflictos entre áreas, sobre qué márgenes tenemos para negociar, invertir o decir que no porque sin esas reglas, cada gerente juega su partido tratando de adivinar qué harías tú en su lugar, y eso no es profesionalización, es dependencia.

Las reglas no te quitan poder, te liberan tiempo y energía y a nosotros nos permiten liderar sin estar permanentemente mirando por encima del hombro.

Te pediría que confíes en el proceso, no sólo en las personas

Muchas veces la confianza en la empresa está puesta más en personas puntuales que en procesos claros. Cuando una persona funciona, todo fluye; cuando no está, todo se desarma. Eso nos deja a los gerentes en una situación incómoda, porque sabemos que el sistema no nos respalda.

Te pediría que confíes más en los procesos que construimos juntos que en el control directo, ellos no reemplazan tu intuición, la ordenan y cuando están bien diseñados, permiten que la empresa funcione incluso cuando tú no estás en cada detalle.

Una empresa que depende sólo de personas termina agotándolas mientas que una empresa que se apoya en procesos les da margen para crecer.

Te pediría que mires el costo invisible de no soltar

Tal vez esta sea la parte más difícil de escribirte, pero también la más honesta. No soltar tiene un costo y no siempre se ve en los números, pero se siente en el clima, en la rotación silenciosa, en la falta de iniciativa y en la energía con la que se trabaja.

Cuando todo pasa por tu, los gerentes dejamos de proponer cosas grandes y empezamos a resolver lo urgente. No porque no tengamos ideas, sino porque sabemos que el costo emocional de empujarlas puede ser alto.

Soltar no es retirarte, es permitir que otros crezcan sin que eso te haga sentir menos necesario y eso, aunque no figure en ningún balance, es una decisión profundamente estratégica.

Te pediría que pensemos juntos tu próximo rol

Finalmente, si esta carta pudiera terminar con un pedido concreto, sería este: pensemos juntos tu próximo rol en la empresa. No desde la urgencia ni desde el miedo, sino desde la madurez.

La empresa que creaste ya no es la misma que al principio, y tú tampoco eres el mismo, por lo tanto, seguir ocupando el mismo lugar puede no ser la mejor forma de cuidarla ni de cuidarte. Hay roles de mentor, de referente, de guardián de la cultura y de la visión que nadie puede ocupar mejor que tú, si te permite ese cambio.

No te pedimos que te vayas, pero sí que evoluciones con la empresa, para que nosotros también podamos hacerlo.

Una carta que habla de futuro, pero empieza hoy

Esta carta no es un reclamo ni una rendición de cuentas, es una invitación a construir una empresa donde el liderazgo no dependa de una sola persona, donde los gerentes puedan liderar de verdad y donde el fundador no tenga que cargar con todo para que las cosas funcionen.

Si alguna vez sientes que la empresa te exige demasiado, tal vez no sea porque los demás no están a la altura, sino porque todavía no terminamos de diseñar juntos el modo en que queremos trabajar. Y eso, más que un problema, es una oportunidad que todavía está a tiempo de aprovecharse.

Puedes leer más artículos de Juan Carlos Valda en https://grandespymes.ar/category/articulos-propios/

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