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El estrés oculto: el desgaste silencioso de muchas personas que aparentemente “lo están haciendo todo bien”

El estrés oculto: el desgaste silencioso de muchas personas que aparentemente “lo están haciendo todo bien”

por Mónica Grossoni

Hay personas cuya vida, vista desde fuera, parece funcionar perfectamente. Tienen trabajo, responsabilidades, familia, proyectos. Son competentes, resolutivas y acostumbradas a sostener mucho. En muchos casos, son el pilar sobre el que se apoyan otros. Sin embargo, cuando hablan de cómo se sienten, aparece una sensación difícil de explicar: cansancio persistente, dificultad para desconectar, la impresión de que la mente nunca se apaga del todo. Y una frase que se repite con frecuencia: “No me pasa nada grave… pero siento que algo no va bien”.

A este fenómeno lo llamo estrés oculto.

No se trata del estrés evidente que aparece durante una crisis puntual o una etapa de sobrecarga clara. El estrés oculto es más silencioso. Es un estado de activación elevado que el sistema nervioso ha normalizado con el paso de los años. La persona sigue funcionando, cumpliendo con sus responsabilidades y respondiendo a las exigencias del entorno, pero su organismo vive demasiado tiempo en modo alerta. Y lo más interesante es que casi nunca tiene una sola causa.

El éxito profesional puede construirse sobre programas de supervivencia…pero el sistema nervioso termina pasando factura

Cuando el estrés se analiza con más profundidad, aparece algo importante: no suele ser únicamente un problema de agenda o de exceso de trabajo. En realidad, suele ser el resultado de varias capas que se han ido acumulando a lo largo de la vida. En mi trabajo con personas que viven este tipo de desgaste he observado que el estrés oculto suele construirse a partir de diferentes dimensiones que interactúan entre sí.

Una de ellas es el perfil de alto rendimiento. Muchas personas que viven en estrés crónico son precisamente aquellas que tienen un gran sentido de responsabilidad, una elevada autoexigencia y una gran capacidad para sostener presión durante largos periodos. Son personas resolutivas, fiables y comprometidas. Su fortaleza es también su vulnerabilidad: están acostumbradas a funcionar a un nivel de exigencia muy alto y, con frecuencia, normalizan señales de agotamiento que en otros contextos serían una señal clara de alarma.

A esto se suma con frecuencia el estrés adaptativo infantil. Desde muy pequeños aprendemos a adaptarnos al entorno. Desarrollamos programas internos que nos permiten encajar, ser aceptados o mantener la estabilidad del sistema familiar. Algunos niños aprenden a ser fuertes, otros a ser perfectos, otros a no molestar, otros a sostener emocionalmente a los demás. Ese “personaje adaptativo” puede funcionar durante décadas y, de hecho, muchas veces es parte de lo que permite a la persona prosperar en la vida adulta. Pero también puede mantener al sistema nervioso en un estado de alerta constante, como si siempre hubiera algo que sostener o resolver.

Bebés que nacen con cortisol basal muy elevado

Existe además un factor del que se habla muy poco: el estrés prenatal o perinatal. Cuando pensamos en estrés prenatal solemos imaginar situaciones extremas como guerras, pobreza o trauma severo. Sin embargo, el estrés perinatal contemporáneo tiene formas mucho más silenciosas. Muchas mujeres viven embarazos en contextos laborales altamente exigentes, trabajando bajo presión hasta prácticamente el final de la gestación. El organismo materno permanece en un estado de activación constante, y ese estado fisiológico forma parte del entorno en el que se desarrolla el sistema nervioso del bebé.

Después del nacimiento aparece otro fenómeno propio de nuestra cultura actual: la separación temprana. En muchos casos, pocos meses después del parto —e incluso semanas si la madre es autónoma o tiene una baja muy limitada— el bebé debe separarse de ella para que pueda reincorporarse al trabajo. No se trata de un juicio moral, sino de un hecho biológico: el sistema nervioso humano se desarrolla en un contexto de contacto, regulación y presencia continuada. Cuando esa regulación se interrumpe demasiado pronto, algunas personas crecen con una mayor predisposición a la alerta fisiológica.

El estrés generado por los conflictos no resueltos que arrastramos décadas…. que se aloja en el cuerpo.

Otra dimensión importante es el estrés somático. El cuerpo no olvida lo que la mente intenta dejar atrás. Los conflictos emocionales no resueltos, cuando se prolongan en el tiempo, terminan almacenándose en el organismo. Primero aparecen como tensión. Después como malestar difuso. Y si el proceso continúa durante años, pueden terminar manifestándose como enfermedad. El estrés no es solo psicológico: es profundamente fisiológico. La respiración cambia, la musculatura permanece contraída y el sistema nervioso pierde la capacidad de regresar con facilidad a estados de calma.

El estrés de la hiperproductividad mental. Siempre «On». En hipersimpático permanente.

En muchas personas aparece también lo que podríamos llamar hiperactivación mental. Son mentes rápidas, analíticas, creativas, con una gran capacidad para resolver problemas y anticipar situaciones. Pero esa misma capacidad puede generar dificultad para apagar el pensamiento. Incluso cuando el cuerpo necesita descanso, la mente sigue funcionando, analizando, planificando o anticipando escenarios.

¿Qué sentido tiene todo lo que hago? ¿Cómo podría crear una vida de liberada?

Con el paso del tiempo, cuando esta dinámica se mantiene durante años, puede aparecer una crisis existencial. No es una patología, sino una pregunta profundamente humana: ¿tiene sentido la vida que estoy viviendo? Muchas personas llegan a este punto después de haber construido una vida aparentemente exitosa. Sin embargo, cuando el sistema nervioso ha vivido demasiado tiempo en modo supervivencia, esta pregunta puede experimentarse como vacío, desorientación o pérdida de sentido.

El precio de la sobreexcitacción permanente: los PAS sobrepasados

Por último, existe un factor que aparece con mucha frecuencia en quienes viven estrés crónico: la alta sensibilidad o hiperempatía. Algunas personas tienen sistemas nerviosos especialmente receptivos al entorno. Perciben más estímulos, captan con mayor intensidad la información emocional de los demás y tienden a implicarse profundamente con lo que ocurre a su alrededor. Esta sensibilidad puede ser un talento extraordinario, pero sin herramientas adecuadas de regulación también puede generar un desgaste mayor.

El silencioso devenir del estrés oculto, invisible, e inevitable: lo hemos normalizado.

El gran problema del estrés oculto es que funciona en silencio. No siempre produce un colapso evidente. La persona sigue adelante, responde a sus responsabilidades y mantiene su vida en funcionamiento. Pero lo hace cada vez con menos energía, menos claridad y menos conexión consigo misma. Y llega un momento en que aparece una sensación difícil de describir: seguir funcionando… pero sin sentirse realmente vivo.

Cuando el estrés se comprende desde una perspectiva más profunda —fisiológica, psicológica y existencial— muchas personas descubren algo revelador. No estaban cansadas solo por trabajar demasiado. Estaban cansadas de vivir durante años desde un estado interno de alerta que habían aprendido a considerar normal.

Y ahí empieza un proceso diferente. Un proceso que no consiste únicamente en descansar más, sino en comprender cómo funciona el propio sistema nervioso y revisar los programas internos desde los que estamos viviendo.

Si te reconoces en algo de lo que has leído, quizá merece la pena hacerse una pregunta sencilla:

¿Cuánto de tu cansancio viene realmente de tu trabajo… y cuánto de un estado de alerta que llevas sosteniendo desde hace años sin darte cuenta?

Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/el-estr%C3%A9s-oculto-desgaste-silencioso-de-muchas-que-lo-m%C3%B3nica-grossoni-uclue/

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