por Juan Carlos Valda
Desde mi experiencia como consultor en dirección y gestión de PYMES, he observado que el paralelismo entre un empresario y un surfista es poderoso para entender la dinámica de liderar en entornos inciertos. Tanto el empresario como el surfista enfrentan un océano de variables incontrolables, en el que el éxito depende más de la habilidad para adaptarse a los cambios que de la capacidad para controlarlos. Vamos a explorar esta analogía con profundidad.
Anticipar las olas: leer el mercado
Un surfista exitoso no espera que el mar esté en calma para salir al agua. Por el contrario, estudia las mareas, el viento, y las olas para encontrar el momento adecuado para actuar. Del mismo modo, un empresario debe ser capaz de interpretar las tendencias del mercado, los cambios tecnológicos, o las necesidades del cliente antes de que se hagan evidentes para todos. Aquellos que esperan “la ola perfecta” para actuar suelen perder el momento clave.
Ejemplo:
En un contexto post-pandemia, algunas PYMES reaccionaron rápidamente al auge del comercio electrónico, mientras otras esperaron “volver a la normalidad” y perdieron competitividad. Al igual que un surfista no espera a que el mar se estabilice, un empresario no puede aferrarse a la esperanza de que todo vuelva a ser como antes.
Elegir la tabla adecuada: adaptar el modelo de negocio
Un surfista usa diferentes tablas según el tipo de ola: una tabla corta para olas rápidas y una larga para olas más lentas. El empresario tiene que ajustar su modelo de negocio a las circunstancias. No puede seguir operando de la misma manera cuando su entorno cambia drásticamente. Adaptar la estructura organizacional, rediseñar procesos o ajustar su oferta de productos es vital.
Ejemplo:
Imaginemos una PYME que fabrica productos artesanales. Durante años vendió exclusivamente en tiendas físicas, pero la pandemia hizo que el flujo de clientes disminuyera. En lugar de esperar que las tiendas revivan, el empresario decidió migrar al comercio online y logró que sus ventas crecieran más allá de lo que había imaginado. Su “tabla” cambió, pero la ola la supo surfear.
Mantener el equilibrio: gestionar recursos con agilidad
Surfeando una ola, no hay espacio para la rigidez: el equilibrio es dinámico y requiere ajustes constantes. De la misma manera, en una PYME, los recursos financieros, humanos y de tiempo deben ser gestionados de forma ágil. Aquí el empresario debe aprender a delegar y confiar en su equipo, del mismo modo que el surfista confía en su entrenamiento y sus reflejos. El intento de controlarlo todo lleva al agotamiento o al fracaso, igual que un surfista que se tensa demasiado se cae.
Caer es parte del proceso: aprender del fracaso
El surfista sabe que se va a caer muchas veces antes de dominar una ola, y no lo ve como un fracaso, sino como parte del aprendizaje. De la misma forma, el empresario debe aceptar que no todas las decisiones serán acertadas y que las caídas son parte de la evolución. La clave está en levantarse, entender qué salió mal y volver a intentar.
Ejemplo:
Un empresario decide lanzar una línea de productos nueva, pero esta no tiene la aceptación esperada. En lugar de aferrarse al fracaso o culpar al mercado, aprende de la experiencia: ajusta la propuesta, redefine el enfoque y lanza una versión mejorada. Igual que el surfista que se vuelve a meter al agua, el empresario vuelve a intentarlo.
Conclusión: surfeando la ola del cambio
El empresario y el surfista comparten la misma esencia: no controlan las olas, pero sí cómo reaccionan ante ellas. Ambos requieren preparación, agilidad mental, capacidad de adaptación y una actitud resiliente frente al fracaso. En el mundo empresarial, como en el mar, la clave no es esperar la ola perfecta, sino aprender a surfear las que llegan y aprovechar cada momento para avanzar. El que sabe adaptarse no solo sobrevive: disfruta del proceso y encuentra nuevas oportunidades en cada ola que enfrenta.
Para contactar a Juan Carlos – jcvalda@grandespymes.ar