por Daniel Colombo
Tanto empresas como individuos hablan permanentemente de la gestión del cambio. En muchos casos, cuando buscan plantearse resultados diametralmente opuestos a los que han venido teniendo hasta el presente, más bien conviene hablar de transformación.
Para muchos, transformación y cambio son la misma cosa; sin embargo, no es así, si bien cualquiera de las dos acciones promoverá un crecimiento, evolución y mejoras.
Te invito a descubrir este impactante video de la transformación de una oruga en mariposa:
- Qué significa cambiar
La acción del cambio es producir resultados distintos, alterando cierto orden o secuencia que se tenia en cualquier aspecto. Así, un reordenamiento en el organigrama de la empresa es un cambio, como también lo es mudar de trabajo.
De alguna forma, gestionar un cambio implica tomar los elementos con que se cuenta, modificarlos y accionar para producir un resultado diferente. Desde esta perspectiva, hay ciertos rasgos que son comunes para ilustrar:
. Para cambiar se gestiona algo en forma diferente;
. Se tienen en cuenta las partes preexistentes del todo (por ejemplo, los equipos de trabajo ya contratados; la estructura organizativa de la casa donde vives);
. Se puede alterar el orden en el que se han venido haciendo las cosas, para mejorar un proceso;
. Se busca un resultado diferente puntual en cierta área, o más abarcativo;
. Por lo general, se persigue mitigar el impacto que tenga en forma interna en cada persona, y maximizar el resultado global de lo que se está encarando.
Una vez implementado, hay algo de lo anterior que trae una sensación de remembranza del pasado, y se lo utiliza frecuentemente para comparar el nuevo estado presente con la historia vivida.
El cambio tenderá a lograr un camino que nunca volverá a ser igual. Las estructuras rígidas necesitarán flexibilizarse. Es aquí donde aparece el concepto de adaptación al cambio, que es la forma en que cada individuo se relacionará con ese nuevo entorno. Al principio será desconocido; a muchos los descolocará; y se necesitará de la práctica y la persistencia en lo nuevo para adoptarlo en forma más práctica, sutil y natural.
Por ejemplo, cuando las sociedades van avanzando viven en cambio permanente. La filosofía zen enseña el principio de la pasividad activa, que significa no oponer resistencia a lo que va surgiendo de nuevo, ya que todo aquello a lo que te resistes, persiste con más fuerza. Más bien, es fluir con el proceso del cambio; ver qué se puede aprender; probar, ajustar y reencauzar las energías en pos del resultado que se busca lograr.
- Por qué “transformación” es distinto a cambiar
La transformación incluye al cambio, aunque no se limita a alterar el orden de las cosas: va más profundo y de raíz. Es un proceso que viven países, organizaciones de todo tipo y los seres humanos.
Es mucho más que cambiar, ya que da vuelta todo lo conocido hasta el presente, para ser un dínamo que produzca una nueva energía, una nueva consciencia, una nueva forma de vivir.
Los procesos de transformación marcan la vida; ya no se trata solamente de reordenar los muebles de la oficina, o estructurar el organigrama, sino, literalmente, de refundar (volver a fundar) todos los principios que dieron origen a nuestra vida, relaciones, acuerdos en el trabajo y, por ende, se producirán resultados completamente distintos.
El camino de la transformación es totalmente incierto; y por eso genera mucha aprehensión en las personas y organizaciones. Le tienen miedo, por la incertidumbre innata acerca del resultado final.
El proceso de transformación promueve la regeneración, transmutación, trastocar una cosa por otra totalmente distinta; incluso desde la inspiración y la energía que se genera. En este caso, influyen varios elementos, entre ellos:
. La incertidumbre involucra a todos en el camino.
. Nada garantiza un resultado superador, ni siquiera diferente.
. Se trabaja y gestiona de raíz, dejando de lado todo lo conocido y actuado hasta ahora; si bien se toman en consideración experiencias valiosas del pasado -en las empresas se les suele llamar “lecciones aprendidas”-.
. Es un proceso disruptivo para muchas personas, por lo que suelen quedar en el camino muchos colaboradores en el caso de organizaciones.
. Habrá otro grupo que oponga férrea resistencia, ya que, aún sin saber conscientemente qué se las produce, no quieren asumir el miedo a lo desconocido.
Cuando se decide hacer una transformación el proceso es profundo, intenso y emocional, y necesita de una congruencia en la contención y en las habilidades internas innatas.
Una persona que ha atravesado un terrible accidente, un coma o que quedó en la ruina de la noche a la mañana; o que perdió todo por un incendio o un desastre natural, podrá encarar la transformación con su fuente interna de resiliencia para salir adelante.
Es fundar algo nuevo a partir de algo que ya no existe más, y no volverá a existir. Incluso al transformarse en algo o alguien completamente diferente, se suelen querer dejar atrás los padecimientos pasados para acumular esa energía en una fuente esperanzada de algo mejor.
Los cambios vitales en conductas y comportamientos implican transformaciones profundas, que no podrían gestionarse solamente haciendo cambios. Y esta es una de las principales claves de la diferencia entre los dos conceptos.