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No hay nada seguro

Por José María Garrido

Estábamos preparando la cena junto a una sobrina menor de 30 años que esta temporada duerme en casa los viernes. Cuando vio que cogíamos un pan de tostadas, se interesó por él y fue a buscar sus características en el móvil. En unos segundos empezó a leernos la comparativa con otras tipologías de pan para aclararnos cuáles eran las más saludables. Cuando le pregunté por la “fuente” de dicha información, su respuesta fue que era de alguien de Instagram que “le gustaba mucho” y que “tiene muchos seguidores y ha escrito un libro”.

Creo que la inteligencia artificial encontrará su nivel adecuado a medida que las personas la dominen y la apliquen sin tenerle miedo. Pero existe el grave riesgo de que se identifiquen las siglas IA por “Indiscutible Autoridad”. Me temo que la gente ya no confía en su propio juicio, y no creo que el uso indiscriminado de herramientas o los “influencers” sean la solución.

El “conocimiento” incluye hechos, información y habilidades que adquirimos a través de la educación y la experiencia, incluida la adquisición de datos. Entendemos por “datos” los hechos y estadísticas que se recopilan para su análisis.

“Datos” y “conocimiento” no son sinónimos ni intercambiables.

Voy a dar una prueba social bastante horrible, pero si no podemos aprender de las tragedias, entonces no podemos aprender nada.

En 2018, Boeing lanzó el avión 737 MAX con un sistema de estabilización llamado MCAS, el cual, por medio de un sensor, detectaba cuando la nariz del avión se elevaba demasiado y corregía su posición haciéndola descender. En octubre de ese año, un vuelo de Lion Air despegó de Yakarta y trece minutos después cayó al mar. Nadie sobrevivió. Cinco meses después, Ethiopian Airlines perdió el control de otro Boeing 737. Seis minutos después del despegue, el MCAS se activó y empujó el avión hacia abajo sin control. Un error de software producía datos generados por un único sensor de ángulo de ataque defectuoso que obligó al morro del avión hacia abajo. 346 personas fallecieron en total.

Durante un largo tiempo de desconcierto, otros pilotos pudieron diagnosticar el problema por su cuenta y tomar medidas correctivas (como desconectar el piloto automático). Convirtieron los datos (que eran defectuosos) en información y los fusionaron con sus experiencias para evitar otros desastres. Aquellos que simplemente confiaron en los datos no lo hicieron.

No atribuyo todo esto a errores de los pilotos, fue un error de Boeing, pero sí quiero señalar que no podemos darnos el lujo de depender simplemente de flujos interminables de datos y algoritmos para gestionar nuestras vidas.

Para la reentrada en la atmósfera del Artemis II, había en la cápsula hasta cuatro ordenadores en serie por si cada uno de ellos fallaba, un quinto ordenador de características diferentes para ser manejado por los astronautas y, si fallaba también, todavía les quedaba la opción de ciertas maniobras “manuales” para las que habían sido convenientemente entrenados. Y, siendo la misión espacial más tecnológica de la historia, cientos de técnicos humanos con experiencia, criterio y conocimiento estaban detrás de todo el funcionamiento cada día.

Las respuestas siguen siendo personas con un historial de éxito y sólidas habilidades que puedan ayudar con confianza en la toma de decisiones, tanto personales como profesionales.

Las cosas pueden empeorar si no aplicamos el pensamiento crítico y dependemos cada vez más de una gran cantidad de datos para “ir a lo seguro”.

No hay nada “seguro”.

Fuente: https://www.garridofreshmentoring.com/no-hay-nada-seguro/

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