por Juan Carlos Valda – jcvalda@grandespymes.com.ar
En muchas PYMES, la gestión de deudores por ventas aparece tarde, mal y a las corridas. No forma parte del sistema de dirección, sino que surge cuando la caja empieza a crujir, los pagos se atrasan y el empresario siente que trabaja mucho pero el dinero nunca alcanza. En ese punto, la conversación suele desviarse hacia los costos, los impuestos o el contexto, cuando en realidad hay una pregunta previa que casi nadie se hace con honestidad: ¿estoy vendiendo bien… o estoy financiando a mis clientes sin darme cuenta?
Gestionar correctamente los deudores no es una tarea administrativa menor ni un problema exclusivo del área contable, es una decisión estratégica que impacta en la rentabilidad, en la previsibilidad del negocio y, sobre todo, en la calidad de vida del empresario porque no hay nada más desgastante que vender, cumplir, entregar… y después tener que rogar para cobrar.
El error de origen: confundir vender con cobrar
Muchas PYMES creen que venden cuando emiten la factura pero en realidad, venden cuando el dinero entra en la cuenta. Todo lo demás es expectativa y esta confusión cultural es una de las principales causas de la morosidad crónica. Se festeja la venta, se motiva al equipo comercial por volumen, se corre detrás del cliente para cerrar operaciones, pero casi nadie se pregunta si ese cliente paga, cómo paga y cuándo paga.
Cuando el foco está sólo en vender, la empresa se convierte sin querer en una financiera informal porque en definitiva termina financiando capital de trabajo ajeno con recursos propios, sin tasa, sin garantías y sin control. El problema no es la morosidad en sí misma, sino que suele ser invisible hasta que el daño ya está hecho.
Prevenir la morosidad empieza antes de vender
La gestión de deudores comienza mucho antes de que exista una deuda, empieza en el momento en que decides a quién le vendes y en qué condiciones. Una PYME profesional no le vende a cualquiera de cualquier manera, primero define reglas claras, explícitas y conocidas por todos (y las cumple).
Esto implica tener una política de crédito simple pero firme. No hace falta un manual académico, pero sí criterios básicos: límites de crédito por cliente, plazos máximos de pago, condiciones según historial y consecuencias claras ante incumplimientos. Cuando estas reglas no existen o se aplican de manera discrecional, el mensaje implícito es peligroso: pagar en término es opcional.
Un punto crítico es el rol del área comercial ya que si el vendedor sólo es premiado por vender y no por cobrar, el sistema está mal diseñado. La empresa termina incentivando comportamientos que después lamenta por lo que prevenir morosidad también es alinear incentivos internos.
El costo oculto de mirar para otro lado
La morosidad no sólo afecta la caja, tiene costos invisibles que pocas PYMES miden: tiempo del empresario persiguiendo pagos, tensión con clientes, desgaste emocional, decisiones apuradas por falta de liquidez, endeudamiento innecesario y pérdida de foco estratégico y todo eso tiene un precio, aunque no figure en ningún estado contable.
Además, cuando una empresa tolera sistemáticamente atrasos, termina atrayendo al tipo de cliente que paga mal. Los buenos clientes, los ordenados, suelen preferir proveedores claros y profesionales. La laxitud expulsa calidad y atrae problemas.
Herramientas simples para gestionar cuentas por cobrar
No hace falta tecnología sofisticada para mejorar la gestión de deudores pero hace falta disciplina y método. Un primer paso es contar con un listado de cuentas por cobrar actualizado, segmentado por antigüedad: a vencer, vencidas 0–30 días, 31–60, 61–90 y más de 90., ver la realidad por escrito suele ser incómodo, pero es imprescindible.
A partir de ahí, la gestión debe ser activa, no reactiva. Recordatorios antes del vencimiento, contactos inmediatos ante el primer atraso y seguimiento sistemático. No se trata de ser agresivos, sino consistentes ya que el silencio prolongado suele interpretarse como permiso.
Otra herramienta clave es separar el vínculo comercial del proceso de cobranza porque cuando quien cobra es el mismo que vende, aparecen conflictos emocionales que perjudican a la empresa. Profesionalizar la cobranza también es cuidar la relación comercial, no romperla.
Cómo encarar la cobranza atrasada sin destruir relaciones
Recuperar cobranza atrasada es una tarea delicada, pero evitablemente necesaria. El primer error es esperar demasiado, cuanto más tiempo pasa, más difícil se vuelve cobrar. El segundo error es improvisar: cada cliente recibe un trato distinto, según el humor del día o la urgencia de la caja.
Una gestión madura distingue entre clientes con problemas circunstanciales y clientes con hábitos de pago deficientes. A los primeros, se les puede ofrecer un plan de regularización claro, por escrito y con plazos concretos pero, a los segundos, se les debe cortar el crédito y replantear la relación.
Es fundamental documentar todo: acuerdos, fechas, compromisos ya que la informalidad es terreno fértil para el incumplimiento. Cobrar no es un acto de confrontación, es el cierre natural de una transacción.
Indicadores que el empresario debería mirar siempre
Si el empresario no mira la gestión de deudores, nadie lo hará en serio y no hace falta un tablero complejo, pero sí algunos indicadores básicos: días promedio de cobro, porcentaje de cartera vencida, concentración de deuda en pocos clientes y evolución mensual de las cuentas por cobrar.
Estos datos permiten anticiparse, no apagar incendios. Una PYME bien dirigida detecta desvíos temprano y corrige rápido. La sorpresa permanente es síntoma de falta de gestión, no de mala suerte.
La dimensión cultural del cobro
Detrás de muchos problemas de morosidad hay creencias profundas del empresario: “no quiero quedar mal”, “es un buen cliente”, “ya va a pagar”, “si aprieto, se va”. Estas frases suelen esconder miedo al conflicto y confusión entre relación personal y vínculo comercial.
Profesionalizar la gestión de deudores también implica un cambio cultural. Cobrar en tiempo y forma no es falta de confianza, es respeto por el acuerdo y la empresa que no se respeta a sí misma difícilmente sea respetada por sus clientes.
¿Cómo aplicar esto en tu PyME?
Empieza por hacer visible lo invisible. Mira tus cuentas por cobrar con crudeza, define reglas simples y cúmplelas sin excepciones emocionales, alinea al equipo comercial con la realidad financiera y deja de celebrar ventas que no se cobran. Implementa rutinas de seguimiento, aunque sean manuales, y mide siempre lo mismo para poder comparar.
Gestionar bien a los deudores no te hará menos comercial, te hará más empresario porque vender sin cobrar no es crecer, es desgastarse. Y una Pyme que quiere ser sustentable necesita caja, previsibilidad y reglas claras, no heroicidades mensuales ni excusas bien contadas.
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