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El club de amigos del fundador: una lógica que ​alguna vez funcionó
Cómo construir una Propuesta de Valor.

El club de amigos del fundador: una lógica que ​alguna vez funcionó

Por Juan Carlos Valda – jcvalda@grandespymes.com.ar

Durante muchos años, en miles de pymes, hubo una lógica que parecía incuestionable: el fundador se rodeaba de un pequeño grupo de personas de extrema confianza, amigos de toda la vida, parientes cercanos o compañeros de ruta que habían estado “cuando no había nada”. Esa guardia pretoriana de lealtad funcionaba como un escudo protector frente a un mundo incierto, hostil y cambiante y eran los que ponían el pecho, los que no fallaban, los que cuidaban la caja y los que defendían al fundador incluso antes de preguntarse si tenía razón.

Durante un tiempo, ese modelo funcionó. No porque fuera virtuoso, sino porque el contexto lo permitía ya que los mercados eran más previsibles, menor presión competitiva, clientes con menos opciones y una empresa que, en muchos casos, se parecía más a un taller ampliado que a una organización profesional. En ese escenario, la lealtad podía compensar carencias de gestión, de formación o de mirada estratégica, pero, ese mundo ya no existe.

Un contexto competitivo que no da margen para la improvisación

Hoy las empresas operan en contextos ferozmente demandantes. Los márgenes son más finos, los errores se pagan caros y el tiempo de reacción se mide en semanas, no en años, el cliente compara, elige, abandona y vuelve si quiere, la tecnología acelera todo, los costos no avisan y la competencia aprende rápido.

En este escenario, el club de amigos del fundador dejó de ser una fortaleza para transformarse, muchas veces, en un ancla. El mercado no premia la historia interna ni los vínculos emocionales, premia la capacidad de generar valor hoy, de decidir bien y de ejecutar mejor que otros.

Lealtad no es lo mismo que capacidad

Aquí aparece uno de los errores más frecuentes, confundir lealtad con competencia. “Con esta gente puedo confiar”, “no serán brillantes, pero son leales”, “prefiero alguien que me cuide antes que alguien que me discuta”. Frases que suenan razonables desde lo emocional, pero que esconden una trampa peligrosa.

La lealtad sin capacidad no protege a la empresa, la expone ya que el mercado no evalúa intenciones ni trayectorias personales, evalúa resultados. Y cuando la empresa no logra sostenerlos, la factura llega sin contemplaciones.

La burbuja de comodidad emocional

En muchas Pymes, el grupo cercano al fundador termina funcionando como un filtro de la realidad ya que son los que dicen lo que el fundador quiere escuchar, los que justifican errores, los que amortiguan conflictos y, sobre todo, los que evitan que entren miradas nuevas que puedan incomodar.

Se construye así una burbuja de comodidad emocional que da tranquilidad interna, pero que va desconectando a la empresa de lo que pasa afuera. Nadie cuestiona, nadie incomoda, nadie empuja cambios de fondo y mientras tanto, el mercado sigue avanzando.

Cuando cuidar al fundador implica descuidar el negocio

Uno de los efectos más dañinos del club de amigos es que todos terminan cuidando al fundador, pero nadie cuida el negocio. Se protege la relación, se evita el conflicto y se posterga lo incómodo, se sostienen roles vacíos, se estiran decisiones y se naturalizan ineficiencias.

La empresa empieza a tomar decisiones mirando hacia adentro y no hacia el mercado y cuando el negocio cruje, el fundador se encuentra rodeado de gente leal, pero sin herramientas reales para ayudarlo a resolver los problemas que importan.

Profesionalizar no es traicionar

Muchos fundadores sienten que profesionalizar el equipo es traicionar a los que estuvieron siempre, pero, en realidad, es exactamente lo contrario. Traicionar a la empresa es no darle la estructura que necesita para sobrevivir, y traicionar a la gente es exponerla a un fracaso anunciado por no animarse a hacer los cambios a tiempo.

Agradecer el pasado no implica hipotecar el futuro. Algunas personas podrán crecer, capacitarse y adaptarse a la nueva etapa y otras, lamentablemente, no y eso no las convierte en enemigas ni en traidoras. Simplemente las ubica en el lugar correcto, dentro o fuera de la estructura.

Del “yo te cuido” al “yo me hago cargo”

La empresa moderna no necesita círculos cerrados de confianza, necesita equipos complementarios, personas que entiendan el negocio, que sepan leer números, gestionar personas, tomar decisiones con criterio y asumir responsabilidades reales.

La cultura debe pasar del “yo te cuido” al “yo me hago cargo”, del silencio cómodo al desacuerdo con argumentos, de la lealtad ciega a la responsabilidad consciente y eso exige liderazgo maduro, no paternalismo.

El verdadero obstáculo: el rol del fundador

Muchas veces el problema no es la gente, sino el rol del fundador. Sostener el club de amigos da seguridad emocional ya que son conocidos, previsibles, manejables mientras que incorporar profesionales implica exponerse, aceptar que otros saben más en algunos temas, compartir poder y abrir conversaciones incómodas.

Dirigir hoy una empresa no es rodearse de fieles, es construir un sistema que funcione incluso cuando uno no está y eso requiere reglas claras, procesos, indicadores y personas capaces. La amistad puede seguir existiendo, pero no puede ser el criterio central del diseño organizacional.

Del club al equipo, de la nostalgia al futuro

Las empresas que no hacen este tránsito quedan atrapadas en una nostalgia peligrosa porque siguen gestionando con herramientas del pasado en un contexto que ya no existe mientras se convencen de que “siempre lo hicimos así” es un argumento válido, mientras el mundo avanza y la competencia se profesionaliza.

Hoy, más que nunca, la empresa necesita pasar del club al equipo, del afecto al criterio, de la guardia pretoriana al equipo profesional y no para perder identidad, sino para preservarla porque la identidad no se defiende negando la realidad, se defiende adaptándose a ella.

El fundador que logra dar este paso no pierde poder, gana futuro, calidad de decisiones y tranquilidad. El que no, se queda rodeado de amigos, sí, pero cada vez más solo frente a un mercado que ya no perdona.

Puedes leer más artículos de Juan Carlos Valda en https://grandespymes.ar/category/articulos-propios/

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