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Por Qué el mensaje de «estoy preocupado por tí» fracasa en la empresa

Por Qué el mensaje de «estoy preocupado por tí» fracasa en la empresa

por Ramón Chávez Rozas

Veo con más frecuencia de lo que creemos a organizaciones lanzar iniciativas de «las personas primero«, completas con brillantes mensajes que proclaman todo lo que valoran a su gente. Los líderes pronuncian discursos inspiradores y los canales de comunicación se llenan de mensajes sobre el bienestar. Sin embargo, la respuesta desde la primera línea es a menudo un silencio cínico, una desconexión palpable que deja a los líderes preguntándose qué salió mal (y se invierten muchas horas en reuniones analizando esto). La respuesta es muy simple: la incoherencia.

Pasa que a veces los líderes pueden tener las mejores intenciones pero se equivocan en el enfoque. El preocuparse por las personas se ha comunicado como una transacción, es decir, un intercambio de beneficios, ventajas y programas que no se vive como una relación basada en la transparencia, en conexiones genuinas entre las personas, con unicidad de criterios al actuar y, especialmente con empatía. Como lo identifica un reciente informe cultural de O.C. Tanner, el gran desafío laboral de hoy es cerrar la brecha entre lo que las organizaciones ofrecen y lo que los empleados realmente necesitan (la posibilidad distinta). Los trabajadores evalúan su vida laboral a través de dos preguntas fundamentales: “¿Estoy sobreviviendo? Y si es así, ¿estoy prosperando?”. El objetivo del preocuparse por la gente de forma genuina es precisamente mover a las personas de la supervivencia a crecer con bienestar dentro de la organización.

La crisis de credibilidad

Guste o no, hay que aceptar la realidad de que los colaboradores de hoy han aprendido a ser escépticos, y la historia les da la razón. La desconfianza no surge de la nada; se cultiva en el terreno fértil de la incoherencia. Todos hemos sido testigos de este patrón:

  • Una organización que anuncia con orgullo una nueva iniciativa de salud mientras, simultáneamente, aumenta las cargas de trabajo a niveles insostenibles.
  • El liderazgo declara que «las personas son nuestro activo más importante» en el mismo trimestre en que ejecuta despidos masivos a través de correos electrónicos impersonales y fríos.

Esta desconexión entre los valores declarados y la experiencia vivida crea brechas de credibilidad. Los empleados no evalúan el cuidado a través de las políticas o las campañas, sino a través de la coherencia entre lo que una organización dice y lo que hace. Los datos son contundentes: los empleados que sienten un fuerte cuidado organizacional tienen un 378% más de probabilidades de prosperar en el trabajo. Por el contrario, aquellos con una sensación débil de cuidado tienen un 80% menos de probabilidades de prosperar. Cuando la comunicación interna predica una cosa y la realidad diaria demuestra otra, el cinismo se convierte en la única respuesta racional.

El regalo caro y la relación vacía

Para entender la diferencia entre el cuidado transaccional y el relacional, usemos una analogía. Imagina una pareja que nunca te pregunta cómo te fue en el día ni te escucha cuando tienes un problema, pero una vez al mes te regala un reloj caro. Eso es cuidado transaccional: el objeto (o el beneficio corporativo) es valioso, pero la conexión no existe.

El cuidado trascendental, en cambio, es cuando esa persona quizás no te compra el reloj, pero nota que estás estresado, se sienta a tu lado, te escucha activamente y te ayuda a pensar en cómo resolver lo que te angustia.

Muchas organizaciones actúan como «la pareja de los regalos caros». Ofrecen beneficios competitivos, programas de bienestar y días libres adicionales, pero fallan en el soporte diario, en la escucha activa y en la empatía que define una relación sostenible. Estos gestos pueden ser valiosos, pero no abordan la necesidad humana fundamental de conexión y apoyo relacional en el trabajo.

Del contrato laboral al contrato de cuidado genuino

La alternativa es pasar de un contrato de empleo puramente transaccional a un «contrato de cuidado» trascendental. Este contrato no es un documento formal que se firma, sino una experiencia de comunicación constante y coherente que transmite un mensaje claro y poderoso: «Tú me preocupas y me interesas, no solo por lo que produces, sino por quién eres».

Cuando las organizaciones logra establecer este contrato trascendental, los empleados sienten la diferencia entre un cuidado «performativo» y un deseo genuino de construir una relación. Los resultados de este enfoque son transformadores. Los empleados que prosperan bajo un contrato de cuidado genuino tienen:

  • 84% menos de probabilidades de sufrir burnout.
  • 30% menos de probabilidades de dejar la organización.
  • Doce veces más probabilidades de sentirse altamente comprometidos.
  • Siete veces más probabilidades de hacer un gran trabajo.

Los pilares de la comunicación para constuir esa confianza

Antes de intentar cualquier acción de comunicación, es imperativo que exista un compromiso real en la cúpula (alinear a los directores es el primer «piso» de cualquier programa de alineación cultural empresarial). El cuidado genuino debe comenzar con una conversación vulnerable a nivel de liderazgo sobre dónde reside verdaderamente el interés por las personas. Este es un prerrequisito innegociable ya que, cualquier esfuerzo de comunicación fracasará si no se hace. Una vez que existe ese compromiso, estos cinco principios se convierten en herramientas tangibles para que los líderes construyan un puente sobre esa dolorosa brecha de credibilidad.

1. Lidera con honestidad, especialmente cuando es incómodo. La confianza exige transparencia. Cuando la empresa enfrenta desafíos o cuando las decisiones son difíciles, hay que decirlo. Los empleados no esperan perfección, pero sí honestidad. Comunicar la verdad, incluso cuando es incómoda, es un acto fundamental de respeto. Este es el fundamento de una relación de confianza, no una transacción de información controlada.

2. Haz visible el cuidado a través de historias, no solo declaraciones. Decir «me preocupas» no sirve. Es crucial abandonar tanta jerga corporativa; las investigaciones revelan que menos del 40% de los empleados saben qué significa «compensación total», y solo el 14% puede explicarlo. Muchos ven los beneficios como meras condiciones básicas de empleo. En lugar de listar ventajas, destaque historias genuinas: el gerente que abogó por un horario flexible, el equipo que ajustó plazos para evitar el agotamiento. La narrativa que se construye no es «mira qué perfectos somos», sino «así es como se ve el cuidado aquí, y es algo que todos estamos creando juntos». Esto transforma la comunicación de un listado transaccional a una narrativa con un proósito compartido.

3. Crea diálogo, no monólogo. Es vital crear canales relevantes para que los empleados compartan sus ideas y preocupaciones, y demostrar que sus voces son escuchadas, incluso si no todas las sugerencias se implementan. Esto marca el paso definitivo de una comunicación transaccional —un monólogo de la empresa hacia el empleado— a una trascendental, que se nutre del intercambio.

4. Conecta las comunicaciones con la experiencia diaria. La credibilidad se pierde cuando la comunicación corporativa parece desconectada de la realidad. Los mensajes deben abordar los verdaderos puntos de dolor, presiones y frustraciones que enfrentan los empleados. Cuando la comunicación se ancla en la realidad, demuestra una empatía relacional que trasciende los mensajes corporativos abstractos y transaccionales.

5. Amplifica los comportamientos de liderazgo que demuestran cuidado. Los líderes son el canal de comunicación más poderoso. La comunicación interna debe resaltar los comportamientos que demuestran cuidado: líderes que escuchan antes de decidir, que admiten sus errores y que priorizan el bienestar de sus equipos. Reforzar estas acciones convierte el liderazgo en el pilar de una cultura relacional, en lugar de ser simplemente el ejecutor de directivas transaccionales.

Cómo se ve el cuidado genuino en la práctica

Una organización que ha integrado con éxito el cuidado genuino en su cultura opera de manera diferente en el día a día. No se trata de grandes gestos, sino de la suma de pequeñas interacciones coherentes:

  • En las reuniones: los líderes preguntan por el estado de los proyectos, pero también por el bienestar del equipo, creando un espacio seguro para hablar de cargas de trabajo y estrés.
  • En las decisiones difíciles: la comunicación es proactiva, honesta y transparente. Se explica el «porqué» detrás de las decisiones y se reconoce su impacto en las personas.
  • En el feedback: el reconocimiento va más allá de los resultados. Se valoran el esfuerzo, la colaboración y el apoyo mutuo entre colegas.
  • En las interacciones diarias: los gerentes practican la escucha activa, ofrecen apoyo sin que se les pida y tratan a cada miembro del equipo con dignidad y respeto, independientemente de su rol.

El cuidado como fundamento de la cultura

Superar la crisis de credibilidad y el cinismo de los empleados exige un cambio fundamental: pasar de la transacción a la relación. La solución no radica en lanzar más programas de bienestar o campañas pulidas, sino en integrar el cuidado como un pilar fundamental de la cultura a través de un liderazgo coherente y una comunicación honesta.

La pregunta que cada líder debe hacerse no es «¿cómo decimos que estoy preocupado por tí de manera más convincente?». La verdadera tarea, el mandato central, es responder a esto: “¿Cómo se ve el cuidado aquí y cómo lo hacemos tan arraigado en nuestras comunicaciones y cultura que los empleados lo experimenten a diario?”.

Cuando puedes responder a esa pregunta con prácticas específicas y cotidianas, dejas de comunicar sobre el cuidado. Empiezas a construir un lugar de trabajo donde este es la base de la experiencia laboral. Y eso lo cambia todo.

Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/por-qu%C3%A9-el-mensaje-de-estoy-preocupado-t%C3%AD-fracasa-en-la-ch%C3%A1vez-rosas-iofcf/

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