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El buenismo es la trampa que destruye el liderazgo

por José Lorenzo Moreno López

Hay una cosa muy clara: Si liderar solo consistiera en hacer que todo el mundo se sintiera bien todo el tiempo, cualquiera podría hacerlo. Aunque el liderazgo no trata de crear falsos entornos positivos, ni de mantener una armonía superficial, sino de construir equipos sólidos, capaces de enfrentar desafíos y avanzar con claridad. Y para lograrlo, hay que entender una diferencia fundamental: empatía no es lo mismo que buenismo.

A día de hoy, todavía hay mucha gente que cree que liderar con empatía significa evitar cualquier tensión, ser completamente flexible y anteponer el bienestar inmediato de los demás a cualquier decisión difícil. Esa es la trampa del buenismo. Que genera una sensación de equilibrio que no es real, una falsa armonía que, tarde o temprano, se rompe.

La empatía es una herramienta poderosa y fundamental en el liderazgo. Es la capacidad de comprender, conectar y actuar con inteligencia emocional, sin perder de vista la visión y los objetivos. Un líder empático sabe escuchar, sabe apoyar y sabe crear un entorno donde las personas se sienten valoradas y desafiadas a crecer.

El buenismo, por el contrario, es la distorsión de esa cualidad. Es confundir la conexión con la complacencia, el respeto con la permisividad, el apoyo con la ausencia de límites. Es tomar decisiones no en función de lo que es correcto, sino de lo que evita cualquier incomodidad, creando falsos entornos positivos que corren el peligro de saltar por los aires a las primeras de cambio.

Un líder buenista no toma decisiones difíciles porque teme perder popularidad. No establece expectativas claras porque prefiere que cada uno haga lo que le parezca mejor. No enfrenta problemas en su equipo porque «no quiere incomodar». Y al final, su liderazgo deja de ser respetado.

Donde la empatía construye liderazgo, el buenismo lo disuelve. Porque la empatía genera relaciones de confianza y crecimiento, mientras que el buenismo solo crea ambientes donde nadie dice lo que realmente piensa, donde los problemas se esconden bajo una falsa sensación de bienestar.

Un liderazgo basado en el buenismo no fortalece al equipo, solo lo mantiene en un estado de calma aparente. Las tensiones no desaparecen, simplemente se silencian. Los errores no se corrigen, simplemente se ignoran. Los conflictos no se resuelven, simplemente se postergan.

Ser accesible no significa decir sí a todo, sino saber escuchar sin perder el criterio propio. Ser flexible no significa aceptar cualquier resultado, sino encontrar soluciones sin desviar la mirada del objetivo. Ser empático no significa evitar conversaciones difíciles, sino aprender a tenerlas de la manera correcta.

Aunque claro, todo lo que no se enfrenta a tiempo termina volviéndose incontrolable. Un equipo donde la exigencia es opcional, donde las expectativas son difusas y donde se prioriza la comodidad sobre el crecimiento es un equipo destinado a la fragilidad. Cuando los verdaderos desafíos aparecen, cuando la realidad exige firmeza y claridad, esa ilusión de armonía desaparece y deja al descubierto una estructura sin solidez.

Ni mucho menos se trata de imponer ni de liderar con dureza, aunque tampoco de convertir el liderazgo en un ejercicio de evasión. El equilibrio no está en evitar conflictos, sino en saber gestionarlos. No está en hacer que todos se sientan bien todo el tiempo, sino en asegurarse de que todos tengan claridad sobre su papel, sus responsabilidades y sus oportunidades de crecimiento.

Un líder que entiende la diferencia entre empatía y buenismo sabe que la verdadera conexión con su equipo no viene de ser aceptado sin cuestionamientos, sino de generar confianza a través de la coherencia. Sabe que escuchar no es lo mismo que ceder, que comprender no es lo mismo que justificar y que apoyar no significa eliminar cualquier reto que incomode.

Si quieres construir un equipo fuerte, si quieres que tu liderazgo tenga impacto real, no caigas en la trampa del buenismo. No lideres para evitar tensiones, lidera para generar confianza. No lideres para complacer, lidera para transformar. No lideres para que todo parezca estar bien, lidera para que realmente lo esté.

La empatía te permitirá guiar con inteligencia, tomar decisiones con humanidad y construir relaciones sólidas. El buenismo solo te dejará con la sensación momentánea de haber hecho lo correcto, hasta que la realidad te demuestre lo contrario.

Liderar no es hacer que el entorno parezca positivo. Es asegurarte de que lo sea, incluso cuando las decisiones que tomas no sean fáciles de aceptar.

 

Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/el-buenismo-es-la-trampa-que-destruye-liderazgo-moreno-l%C3%B3pez-fd6if/

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