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Dejar de tratar la soledad como problema individual

Dejar de tratar la soledad como problema individual

por Paola Graziano

Hay un consejo habitual que dice algo así como: “mantén todas tus opciones abiertas”.

Suena sensato, ¿no?

No te precipites. No te cierres puertas. No tomes una decisión demasiado pronto… Deja margen. Mira todas las posibilidades. Espera a tenerlo clarísimo…

Y claro, en parte tiene sentido.

Hay momentos en los que conviene explorar, probar, escuchar, cambiar de opinión..

Peeero…

También hay otra parte menos cómoda: vivir intentando dejar todas las puertas abiertas puede convertirse en una forma muy elegante de no atravesar ninguna.

Porque cada elección real implica una renuncia.

Elegir una pareja es no elegir otras historias posibles. Elegir una profesión es aceptar que no vas a vivir todas las vidas laborales que imaginaste. Elegir cuidar tu salud, tu proyecto, tu familia, tu música, tu amistad o tu paz mental implica dejar de alimentar otras cosas.

Y esto se vuelve más evidente con los años.

Cuando somos muy jóvenes parece que la vida está hecha de puertas infinitas. Todo parece reversible, aplazable, recuperable. “Ya lo haré”. “Ya veré”. “Ya decidiré”.

Pero el tiempo, con bastante poca delicadeza, va haciendo su trabajo… así

Algunas puertas se cierran porque hemos elegido otras.

Otras se cierran porque no elegimos nada durante demasiado tiempo.

Otras porque el cuerpo cambia, las circunstancias cambian, las personas cambian, la energía cambia.

Y no pasa nada por decirlo. No es dramático. Es verdad.

A veces confundimos libertad con no comprometernos.

Pensamos que mientras no decidamos, seguimos teniendo todas las vidas disponibles. Pero muchas veces lo que tenemos no es libertad, sino una sala de espera que se convirtió en nuestro hogar..

El miedo a decidir muchas veces tiene que ver con el cerrarnos otras puertas si elegimos una.. Y sí, decidir es perder posibilidades.

Pero también es la única manera de ganar profundidad.

No puedes construir intimidad si siempre estás con un pie fuera.
No puedes desarrollar un oficio si cada tres meses lo abandonas por otra cosa.
No puedes cuidar lo importante si siempre estás disponible para lo urgente, lo nuevo, lo que aparece, lo que promete no pedirte demasiado.

Comprometerse no significa casarse con una decisión foreverandever y aguantar ahí aunque te estés marchitando. Ojo. No va de rigidez.

Comprometerse es decir: “esto merece mi tiempo, mi atención y mi presencia durante el tiempo suficiente como para que pueda convertirse en algo”.

Porque hay cosas que solo se revelan cuando dejamos de probarlas desde la puerta y nos adentramos en ellas.

Una relación, un proyecto, una vocación, una habilidad que queremos aprender, una forma de vivir… no se conocen de verdad en modo «prueba gratuita de 30 días»

Se conocen habitándolas. Con sus días buenos, sus días sosos, sus incomodidades, sus dudas y sus pequeñas recompensas que no salen en la foto.

Quizá la pregunta no sea “¿cómo mantengo abiertas todas mis opciones?”.

Quizá la pregunta sea:

“¿Por qué puerta merece la pena adentrarse y que deje de mirar tanto las demás?”

No para encerrarme.
Al contrario, para una vida más plena.

Preguntas de reflexión:

  • ¿Qué opción sigues manteniendo abierta más por miedo a renunciar que por deseo real?
    • ¿Qué parte de tu vida se está quedando en “ya veré” desde hace demasiado tiempo?
    • ¿Qué compromiso importante te pide presencia, no solo intención?
    • ¿Hay alguna puerta que, en el fondo, ya sabes que necesitas cerrar para vivir con más honestidad?

• Si dentro de cinco años miraras hacia atrás, ¿qué te gustaría haber elegido con más claridad?

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