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Juan Carlos Valda
Un “like” reconoce; un comentario construye
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Un “like” reconoce; un comentario construye

Por Juan Carlos Valda · jcvalda@grandespymes.com.ar

Uno se sienta a escribir sobre algo que le importa, dedica tiempo a ordenar una idea que le llevó años entender, la revisa, la corrige, elige cada palabra con cuidado y finalmente la publica con la sensación de estar aportando algo que puede resultarle útil a otro. A las pocas horas mira el resultado y encuentra ciento veinte reacciones y ningún comentario, de modo que sabe que el texto circuló, que llegó a mucha gente y que probablemente alguien lo haya leído con atención, aunque no tiene manera de saber qué pensaron, con qué parte estuvieron de acuerdo, qué les resultó valioso o en qué se equivocó. Esa escena, tan común que ya dejamos de registrarla, describe bastante bien la manera en que aprendimos a relacionarnos con las ideas ajenas: las vemos pasar, las aprobamos con un gesto y seguimos deslizando la pantalla.

Las redes sociales nos acostumbraron a reaccionar con rapidez, y el “like” se convirtió en una especie de saludo digital, una manera breve de decir “lo vi”, o simplemente “pasé por aquí”, aunque muchas veces ni siquiera signifique eso, porque resulta perfectamente posible reaccionar a una publicación sin haberla leído, sin haber comprendido la idea y sin detenerse a pensar si realmente coincidimos con lo que plantea. Comentar, en cambio, exige detenerse, leer, interpretar y decidir qué queremos aportar, lo que supone dedicar unos minutos de nuestro tiempo y hacernos responsables de una opinión que quedará expuesta. Mientras la reacción puede ser automática, el comentario implica intención, y esa diferencia no es menor, porque uno reconoce y el otro construye.

Conviene aclarar que los “likes” tienen su valor, ya que son agradables, ayudan a que una publicación tenga mayor visibilidad y permiten saber que alguien estuvo allí. El problema aparece cuando confundimos esa señal superficial con una verdadera conversación, y ahí sí vale detenerse a pensar, porque cien reacciones pueden alimentar el alcance de un contenido mientras un solo comentario inteligente puede modificar nuestra manera de pensar.

El gesto rápido y la palabra comprometida

Dar un “like” requiere apenas un movimiento del dedo y no obliga a explicar por qué nos gustó una idea, qué parte nos resultó valiosa o en qué punto no estamos de acuerdo, de modo que con frecuencia termina convirtiéndose en una formalidad social: reaccionamos ante un amigo, un cliente, un colega o un conocido porque consideramos que corresponde hacerlo, lo cual significa que en muchos casos estamos respondiendo a quien publica y no a lo que publicó. El comentario funciona al revés, porque nos compromete con el contenido antes que, con la persona, y cuando escribimos unas líneas dejamos de ser espectadores para formar parte de la conversación, con una opinión propia que puede ser respondida, cuestionada, ampliada o enriquecida por otros. Aparece entonces algo que la reacción difícilmente pueda generar, que es el intercambio.

A partir de un comentario resulta posible preguntar, aclarar, debatir y aprender, porque puede surgir una historia personal, una experiencia profesional o una mirada completamente distinta que abra una puerta que no estaba a la vista. El autor también recibe información valiosa, ya que descubre qué ideas despertaron interés, qué conceptos necesitan mayor explicación y qué temas merecen seguir desarrollándose. Con un “like” eso no ocurre, y aunque podamos agradecerlo, observarlo o contarlo, nunca sabremos con precisión qué significó, porque no queda claro si la persona estuvo de acuerdo con todo, si le gustó solamente el título, si valoró la imagen, si sintió empatía por el autor o si llegó siquiera a leer la publicación. La reacción entrega una señal, pero no proporciona contexto.

Las comunidades no se construyen con aplausos silenciosos

Una audiencia puede estar compuesta por miles de personas que observan sin involucrarse, mientras que una comunidad necesita intercambio y se forma cuando quienes participan se reconocen, conversan, discrepan con respeto y construyen significados en conjunto. La reacción indica popularidad, el comentario revela profundidad, y una publicación que recibe muchos “likes” puede ser atractiva, simpática o emocionalmente movilizadora, mientras que una publicación que recibe buenos comentarios consiguió algo bastante más difícil, que es hacer pensar.

Incluso el desacuerdo resulta valioso, porque un comentario respetuoso que cuestiona una idea aporta mucho más que diez reacciones favorables al obligar al autor a revisar su argumento, explicar mejor su posición o reconocer una perspectiva que no había considerado. La conversación no necesita unanimidad, necesita honestidad, respeto y voluntad de construir, y cuando alguien publica algo que le importa y recibe acuerdo inmediato de todo el mundo, tal vez no esté ante una idea impecable sino ante una idea que nadie se tomó el trabajo de discutir.

Por supuesto, no todos los comentarios suman, ya que también existen respuestas agresivas, frases vacías y opiniones escritas sin haber comprendido el contenido, de modo que comentar no garantiza profundidad. Aun así, un buen comentario contiene una posibilidad que la reacción nunca va a ofrecer, porque puede transformar una publicación individual en una conversación colectiva, y ese salto es el que separa a quien difunde ideas de quien realmente las pone a prueba.

Menos reacción y más conversación

Tal vez sea necesario recuperar el valor de la palabra en los espacios digitales, de manera que antes de reaccionar automáticamente podríamos detenernos unos segundos a preguntarnos qué nos dejó aquello que acabamos de leer: si nos aportó una idea, si nos recordó una experiencia, si nos generó una pregunta, si estamos de acuerdo o si existe algo que podríamos aportar. Nadie dispone del tiempo ni de la energía para intervenir en cada publicación que aparece en su pantalla, aunque cuando un contenido realmente nos resulta valioso, quizá merezca bastante más que un gesto automático.

El “like” dice “me gustó”, mientras que el comentario puede decir “me hiciste pensar”, y esa diferencia cambia por completo la relación entre quien publica y quien recibe el mensaje, porque uno cierra rápidamente la interacción y el otro la abre, uno acompaña desde la distancia y el otro se acerca y participa. En tiempos en los que tantos buscan ser vistos, el mayor aporte tal vez no consista en aumentar el número de reacciones, sino en demostrar que todavía estamos dispuestos a escuchar, a pensar y a conversar. Después de todo, las ideas nunca crecieron gracias a los aplausos silenciosos: crecen cuando alguien se anima a responderlas.

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