por Jesús Garzas
Supongo que es más fácil preocuparse del significado del éxito en los momentos en los que sentimos que no lo tenemos.
Es entonces cuando conviene huir del ruido de esta sociedad vacua pero estridente en la que vivimos, y buscar respuestas en algún punto silencioso de nuestro interior.
Solo si no están allí, conviene quitar el polvo de algunos libros de nuestra biblioteca, y hurgar por dentro, porque a menudo, sí, María Pombo, sí, podemos encontrar sabiduría entre sus páginas.
Eso fue lo que me pasó hace unas semanas.
Desgraciadamente, porque habría ahorrado muchas discusiones en el mundo, y a mí tener que escribir este post, la Oficina Internacional de Pesas y Medidas no ha tenido a bien asignar una magnitud al éxito que nos permita objetivarlo. Porque por muy superficiales que sean todos aquellos que presumen de poseerlo, me temo que no es posible medirlo en metros cuadrados.
Medir se puede medir, porque hay un consenso extendido en que es efímero y etéreo, aunque probablemente nos encontremos ante un fenómeno más metafísico que físico. Para estos casos la poesía es una vara de medir muy certera.
Confieso que hasta hace unas semanas no sabía quién era Bessie Anderson Stanley, de hecho, si me lo hubieran preguntado en un examen tipo test es posible que, con ese nombre, hubiera respondido antes influencer que escritora.
Pues resulta que esta señora, americana para más señas, escribió el siglo pasado un famoso poema que define qué es el éxito, aunque muchos de los que se preguntan por qué se celebra el 8 de marzo se lo atribuyen erróneamente a Emerson a Stevenson. Os pondría las cosas demasiado fáciles si lo copiase entero, pero os recomiendo buscarlo y leerlo, así de paso entrenáis prompting con la IA. Yo aquí, y más siendo fan empedernido de Qué bello es vivir, me quedo con el último verso.
“…saber que al menos una vida ha sido mejor porque tú has vivido, esto es haber tenido éxito”
Y es que viene bien de vez en cuando recordar que el mundo no gira alrededor de nuestro ombligo, y que incluso cuando no nos encontremos en nuestro mejor momento el camino más rápido al éxito es un acto de bondad. Hay que desterrar nuestra tendencia al egocentrismo incluso cuando nos sentimos desgraciados.
Somos seres sociales, y en tiempos tan agitados como vivimos ahora, tiempos de guerras iniciadas por narcisismos desatados, conviene recordar que lo que es bueno para todos es siempre bueno para mí, pero lo que es bueno para mí no siempre es bueno para todos. Cuanto más egoísmo menos posibilidades hay de que se cumpla esa propiedad conmutativa.
Parece mentira, pero después de tanto tiempo, hay gente que no se entera que el bien común es la única salida. Hemos dejado virar el mundo hacía el hedonismo, el que Aristóteles decía que era propio de las bestias. Él también decía que la búsqueda de la virtud con propósito (eudonimia) es lo único que puede crear una felicidad más duradera y resiliente.
Y siento haberme puesto intensito (y un poco pedante) pero de vez en cuando conviene recordar (y conviene recordarse) que si luchaste por el bien común y el resultado no acompañó, eso también fue éxito, resiliente y duradero. Mucho más que cuando el resultado acompaña pasando por encima de los demás, eso es, en el mejor de los casos puro hedonismo.
Así que, volviendo a la pregunta inicial, ¿qué es el éxito?…
El éxito es un salto que te permite tocar la felicidad con la punta de los dedos. Un salto cuyo impulso solo puede venir dado por un acto de bondad.
Bonus mix: Como sigo empeñado en seguir experimentado con la IA os adjunto la infografía que NotebookLM ha creado para que los lectores más vagos no tengan que leerse este post y para que los lectores más interesados en IA que aún no lo hayan hecho, se animen a probar esta herramienta.
