por Mónica Grossoni
Cada día son más las personas que me dicen algo muy parecido:
“Lo tengo todo… pero no sé qué me pasa. Nada me sabe a nada.”
Siguen trabajando. Siguen con su vida. Cumplen, responden, deciden. Pero por dentro van en piloto automático.
No están mal, al menos en apariencia. No hay una crisis visible. Y aun así, aparece una pregunta silenciosa:
¿Esto es todo? ¿Estaré mal yo? ¿Qué me está pasando?
Hoy quiero hablarte de algo de lo que se habla poco: la anhedonia del éxito.
Desde la fisiología, tiene sentido. Un sistema nervioso sometido durante años a alto rendimiento, presión y exigencia constante acaba adaptándose. El cerebro reduce la sensibilidad al placer como mecanismo de supervivencia.
La dopamina responde cada vez menos. El cortisol permanece elevado más tiempo del necesario. El cuerpo aprende a funcionar… pero deja de disfrutar.
No es depresión clínica. No es falta de gratitud. Es neuroadaptación al estrés sostenido.
Desde una mirada transpersonal, este momento señala algo más profundo: el ego funcional —el que logró, sostuvo y avanzó— ha llegado a su límite evolutivo.
Y cuando una identidad ya no puede crecer, empieza a doler. No porque esté fallando. Sino porque ya no es suficiente. A este punto no se llega por fracaso, sino por madurez. No es una caída. Es un umbral. Y cruzarlo no implica hacer más, sino empezar a habitarte en lugar de seguir sobreviviendo.
Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/cuando-lo-tienes-todo-y-sientes-nada-m%C3%B3nica-grossoni-x9mae/