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El secreto de la longevidad empresarial: lecciones de Japón para México.
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El secreto de la longevidad empresarial: lecciones de Japón para México.

Japanese and Mexican flag pair on desk over defocused background. Horizontal composition with copy space and selective focus.

por Alejandro Kasuga

En el mundo de los negocios, la palabra “longevidad” suele ser un lujo. Las empresas nacen, crecen y, en muchos casos, mueren en cuestión de décadas. Sin embargo, hay un país que rompe con esta lógica: Japón. Ahí existen empresas que no solo superan los cien años de vida, sino que se han mantenido vigentes durante siglos.

Se les conoce como shinise, un término que designa a aquellas compañías con una larga historia y que han pasado de generación en generación. Para dimensionar el fenómeno, basta decir que en Japón existen más de 30 mil empresas con más de un siglo de antigüedad. Algunas datan del siglo XVII, otras incluso del año 1000. Ejemplos emblemáticos incluyen la empresa constructora Kongō Gumi, fundada en el año 578 y considerada la más antigua del mundo, o la destilería Sudo Honke, productora de sake desde hace más de 850 años. También están hoteles como el Nishiyama Onsen Keiunkan, que opera desde el año 705 y es reconocido por Guinness World Records como el hotel más antiguo aún en funcionamiento.

Este contraste resulta aún más interesante cuando lo comparamos con México. En nuestro país, la mayoría de las empresas familiares no sobrevive más allá de la tercera generación. Existe incluso un dicho popular: “padre bodeguero, hijo caballero y nieto pordiosero”. La frase encierra una verdad incómoda: muchas veces la riqueza construida con esfuerzo por la primera generación se diluye con rapidez entre conflictos familiares, falta de planeación y ausencia de visión de largo plazo.

Ahora bien, ¿por qué en Japón una tienda de dulces puede durar 400 años, mientras en México una empresa exitosa puede desaparecer en tres generaciones? La diferencia está en la filosofía empresarial.

Una visión generacional

En Japón, las compañías no se conciben como un negocio individual, sino como una misión generacional. Los fundadores transmiten a sus descendientes no solo un patrimonio económico, sino también un conjunto de valores que actúan como brújula. El propósito no es enriquecerse rápidamente, sino mantener viva una tradición y contribuir al bienestar de la comunidad.

Ahí entra en juego el concepto de Sanpoyoshi, que significa: “bueno para quien vende, bueno para quien compra y bueno para la sociedad”. Bajo esta lógica, los negocios japoneses no solo buscan utilidades, sino un equilibrio sostenible entre todas las partes interesadas. Por ello, muchas shinise han pasado por guerras, terremotos o crisis financieras, y aun así se han mantenido firmes, porque su base no está en la ganancia inmediata, sino en la confianza y el servicio a largo plazo.

En contraste, en muchas empresas familiares mexicanas se observa una visión cortoplacista. Se privilegia la ganancia inmediata sobre la planeación del futuro. El fundador suele concentrar todo el poder, y al no preparar adecuadamente a los sucesores, surgen rivalidades entre hermanos, disputas legales y divisiones que terminan por debilitar a la empresa.

El reto de la sucesión

Uno de los factores clave para la longevidad empresarial es la sucesión. En Japón, no es raro que el heredero de una empresa empiece a trabajar desde joven en el negocio, comenzando desde abajo y aprendiendo todos los procesos. A veces incluso se recurre a la adopción de yernos o empleados de confianza como sucesores —una práctica conocida como mukoyōshi—, con tal de asegurar la continuidad del negocio. La prioridad no es la sangre, sino la capacidad de garantizar que la empresa siga viva.

En México, en cambio, la sucesión es muchas veces un tabú. El fundador evita hablar del tema, ya sea por miedo a perder poder o por no querer enfrentar los conflictos familiares que surgen cuando se discute quién tomará el mando. Esta falta de claridad provoca que, llegado el momento, la empresa entre en crisis y quede atrapada en disputas que poco tienen que ver con la visión de largo plazo.

Lecciones para México

¿Qué podemos aprender de la experiencia japonesa? Hay al menos tres lecciones fundamentales:

1. Transmitir  valores, no solo patrimonio.
Los activos materiales se pueden gastar o dividir, pero los valores familiares y empresariales son los que aseguran continuidad. Una empresa que enseña disciplina, respeto al cliente y compromiso con la comunidad tendrá más posibilidades de sobrevivir.

2. Preparar a los sucesores con tiempo.
En Japón, los hijos o herederos suelen trabajar desde jóvenes dentro de la empresa, aprendiendo de abajo hacia arriba. Este proceso les permite ganarse el respeto de los empleados y desarrollar un conocimiento integral del negocio.

3. Pensar en el impacto social.
Una empresa que aporta a la comunidad genera respeto y respaldo social, lo cual fortalece su permanencia en el tiempo. Cuando una compañía se concibe como parte de un ecosistema social más amplio, las probabilidades de que trascienda aumentan.

Una oportunidad para el futuro

México necesita incorporar estas enseñanzas. Si nuestras empresas familiares adoptaran una visión de 100 o 200 años, no solo serían más sólidas, sino que también ayudarían a construir comunidades más prósperas y cohesionadas.

La verdadera herencia de una empresa no se mide únicamente en bienes materiales, sino en la capacidad de proyectar un propósito más allá de la vida de sus fundadores. En ese sentido, Japón no solo nos ofrece un ejemplo empresarial, sino una lección cultural de profundo valor para el futuro de México.

Imaginar empresas mexicanas que duren siglos puede parecer utópico, pero es posible si cambiamos la mentalidad: de la riqueza inmediata a la trascendencia generacional; del beneficio individual al beneficio compartido; del corto plazo al largo plazo.

Reflexión final

La próxima vez que pasemos frente a una panadería mexicana de tradición, una fábrica artesanal o una pequeña empresa familiar, preguntémonos: ¿qué tendría que suceder para que este negocio dure 100 o 200 años? La respuesta no está solo en las ventas ni en la innovación, sino en la visión que se transmite de generación en generación.

En Japón ya lo han demostrado: cuando la herencia no es únicamente dinero, sino también valores y propósito, las empresas pueden convertirse en verdaderos legados que trascienden el tiempo. Esa es la lección que México necesita aprender para que nuestras empresas familiares no sean historias pasajeras, sino pilares duraderos de nuestra economía y de nuestra identidad.

Fuente: https://tribunanoticias.mx/el-secreto-de-la-longevidad-empresarial-lecciones-de-japon-para-mexico/

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