por Emilia Rodríguez
Cada vez más organizaciones entienden que la cultura corporativa es una ventaja competitiva real, ya que sus Prácticas impulsan el bienestar laboral, la inclusión, la sostenibilidad y un liderazgo más consciente
Lejos de los discursos y los mensajes hacia afuera, la cultura organizacional se ha convertido en una ventaja competitiva medible y profundamente estratégica para las organizaciones.
Prácticas que van desde la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, el liderazgo consciente (que promueve el respeto y da el ejemplo), el impulso de entornos laborales favorables al bienestar, la inclusión y el respeto a la diversidad, así como la responsabilidad social y las prácticas sostenibles, están presentes con cada vez más fuerza en las empresas modernas.
Sus ventajas son fáciles de cuantificar: colaboradores más motivados, que a su vez son más creativos y productivos; las prácticas responsables, que impulsan el valor de las marcas y hacen a las empresas acreedoras a beneficios fiscales y otro tipo de exenciones; y en general, una buena reputación, que atrae más consumidores, favoreciendo las ventas y, con ello, la rentabilidad.
Pero al mismo tiempo, esta visión choca en México con viejos estilos de liderazgo, estructuras rígidas y una brecha entre el mensaje y las acciones efectivas dentro y fuera de cada organización.
Así lo revelan los testimonios y casos de esta edición especial de Distrito ABC, que abarca ejemplos de lo que están haciendo empresas como ADO, PlastiExports, Cinépolis y otras, hasta las acciones que se emprenden desde los organismos empresariales y las oficinas del gobierno local.
“Ya no basta con capacitar, si desde la cabeza no se entiende que una buena cultura organizacional es parte del éxito del negocio”, plantea Martha Herrera, la secretaria de Igualdad e Inclusión de Nuevo León.
En la misma línea, Gustavo Cházaro, gerente de Desarrollo Organizacional del corporativo Mobility ADO, la empresa transportista mexicana, explica que el reto ha sido transformar prácticas aisladas en políticas transversales que den vida a una organización coherente, sostenible y consciente de su papel.
Inspirar con el ejemplo
¿Qué mueve a una empresa más allá de la rentabilidad? ¿Qué hace que una marca trascienda, que sus equipos se mantengan unidos y motivados, logrando un impacto social visible y relevante? La respuesta, a decir de los especialistas consultados en esta edición, apunta hacia una buena cultura corporativa.
El tema abarca, dicen, desde los valores, prácticas, principios y aspiraciones que dan forma a una compañía desde adentro y la proyectan hacia afuera.
La cultura, explican, no nace por decreto, debe construirse de forma consciente y requiere visión, voluntad y un trabajo claro que pueda permear a todos los niveles de la organización.
El reto es cambiar el “chip” de los liderazgos tradicionales e incorporar con fuerza los criterios de las Empresas Socialmente Responsables (ESG), que van desde los ambientales, los sociales y de gobernanza, en todas las decisiones.
También, agregan, hay que entender con claridad que una empresa saludable por dentro genera relaciones más genuinas hacia afuera. Una cultura sólida no sólo retiene el talento, sino lo inspira.
La cultura corporativa penetra y se entiende cada vez más como un activo estratégico, capaz de potenciar la productividad, retener talento y alimentar la reputación.
Aun así todavía hay obstáculos que superar, pues es necesario construir culturas coherentes y medibles, donde el objetivo no quede en los discursos sino que se traduzca en prácticas cotidianas, decisiones operativas y en liderazgos más conscientes. La batalla no está ganada, apenas comienza.
¿Qué define una buena cultura corporativa?
Más allá del discurso, una buena cultura se vive, se gestiona y se mide. Estas son las prácticas que marcan la diferencia en las organizaciones que trascienden.
Visión clara y compartida: La organización tiene una misión clara, coherente y entendida en todos los niveles. No trabaja solo para ganar dinero: sabe para qué existe.
Liderar con el ejemplo: Los líderes encarnan los valores de la empresa en su actuar diario. No delegan la cultura: la modelan con sus decisiones.
Entorno de confianza: Se promueve un ambiente donde las personas pueden expresarse, proponer, equivocarse y crecer sin miedo ni represalias.
Inclusión real: La diversidad se valora y se gestiona. Todos tienen acceso a oportunidades de desarrollo y crecimiento dentro de la organización.
Compromiso social
La empresa entiende su rol en la comunidad. Actúa con ética, aporta soluciones y genera impacto más allá de sus operaciones.
Sostenibilidad: La cultura se gestiona con indicadores. Se mide, se adapta, se mejora. Hay estructura detrás de la visión y misión de cada empresa.
Fuente: https://abcnoticias.mx/negocios/2025/7/31/cultura-corporativa-el-nuevo-valor-estrategico-256081.html