por Juan Carlos Valda
A ver, vamos a ser honestos. Como empresario PYME, seguro que alguna vez (o muchas) te has quejado de que tus colaboradores no se hacen cargo de nada, que no toman iniciativa, que si no estás encima, las cosas no se hacen. ¿Verdad?
Lo haces con la mejor intención del mundo, pero sin darte cuenta, estás saboteando el crecimiento de tu equipo. Porque cada vez que solucionas un problema que otro debería aprender a resolver, le estás quitando la oportunidad de desarrollar habilidades, de asumir responsabilidades, de crecer.
El síndrome del «yo lo hago»
Muchos empresarios PYMEs caen en esta trampa sin siquiera darse cuenta. Creen que están ayudando, que están garantizando que las cosas salgan bien y rápido. Pero la realidad es que están generando un círculo vicioso: cada vez que resuelves un problema por alguien más, le enseñas a tu equipo que es más fácil llevarte los problemas que buscar soluciones.
Jeff Weiner lo explicó perfectamente: “Ser un líder, va mucho más allá de dar órdenes: se trata más de compartir una visión y lograr que todo el equipo se apropie de la visión y trabaje duro hasta cumplir los objetivos trazados.”
Si tu equipo no aprende a resolver problemas, ¿cómo esperas que crezcan? ¿Cómo esperas delegar alguna vez si nadie ha aprendido a pensar por sí mismo?
El falso sentido de urgencia
Otro problema es que asumimos que cada problema es una bomba que hay que desactivar de inmediato. Viene alguien con un inconveniente, y en lugar de preguntarle qué hizo hasta ahora para solucionarlo, saltamos a resolverlo.
Aquí entra en juego la segunda parte del pensamiento de Weiner: “Como líderes, muchos de nosotros tenemos una tendencia natural a querer resolver los problemas de otras personas tan pronto como los escuchamos. Sin embargo, necesitamos ser sensibles al hecho de que algunos miembros del equipo no necesitan ni quieren una resolución inmediata.”
No todo es urgente. Muchas veces, lo que realmente necesitan tus colaboradores no es que les des la solución, sino que los escuches, que les hagas preguntas, que los ayudes a pensar. Y aquí está la clave: el crecimiento viene de la reflexión y la acción, no de las soluciones regaladas.
Cómo romper el ciclo
Entonces, ¿cómo hacemos para dejar de ser solucionadores compulsivos y empezar a formar líderes en nuestro equipo?
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Deja de dar respuestas y empieza a hacer preguntas. La próxima vez que alguien te traiga un problema, pregúntale: ¿Qué alternativas se te ocurren? ¿Cómo lo resolverías tú? Haz que piense antes de que tú intervengas.
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Permite que enfrenten las consecuencias de sus decisiones. Si siempre corriges los errores de los demás antes de que se noten, nunca aprenderán. Acompaña, pero deja que experimenten el impacto de sus acciones.
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Define claramente los roles y responsabilidades. Asegúrate de que cada persona en tu equipo sepa qué decisiones puede tomar sin consultarte. Esto reduce la dependencia y fomenta la autonomía.
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Crea una cultura de aprendizaje, no de dependencia. Cuando alguien resuelva un problema sin tu intervención, celébralo. Reconoce y refuerza esos comportamientos.
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Recuerda que tu trabajo no es apagar incendios, sino construir bomberos. Tu empresa no crecerá si eres el único que sabe manejar las crisis. Tienes que formar gente que pueda hacerlo sin ti.
Conclusión: Ser líder no es ser superhéroe
Si cada problema en tu empresa tiene que pasar por ti, no eres un líder, eres un cuello de botella. Y lo peor es que, sin quererlo, estás frenando a los demás. Ser líder es compartir una visión, empoderar a tu equipo y asegurarte de que crezcan lo suficiente como para que la empresa no dependa solo de ti.
Así que la próxima vez que un colaborador venga con un problema, respira hondo, cuenta hasta tres y en lugar de dar la respuesta, hazle una pregunta. Quizás te sorprenda lo que puede lograr por sí mismo.
Para contactar a Juan Carlos e implementar estos conceptos en tu empresa, escribirle a jcvalda@grandespymes.com.ar