por Ale Marcote
Ayer Kenya, la última elefanta que quedaba en cautiverio en Argentina, llegó al Santuario de Brasil y ¡ya no quedan (en nuestro país) más elefantes en lugares donde nunca debieron haber estado!
Me resulta increíble pensar que, durante 136 años, los elefantes hayan estado en nuestro país en zoológicos y en circos, tan privados de lo que debió haber sido su vida.
Y tal vez te preguntes:
¿Y qué tiene que ver todo esto con un newsletter donde hablamos del síndrome del impostor, de los errores, de los límites, de los temas incómodos que nos potencian…?
Todo tiene que ver con todo. ¡Acompáñame!
La metáfora del elefante atado
Recuerdo que cuando empecé a estudiar coaching, una de las primeras imágenes que apareció en una clase fue la del elefante atado.
Un elefante (que puede medir entre 2 y 4 metros de alto, y pesar entre 3.000 y 6.000 kilos aprox.) sujeto con una cadena que parecía insignificante al lado de su majestuosidad ¡Y aun así, no se iba!
Con solo hacer un poco de fuerza, podría haber derrumbado todo a su paso.
Y sin embargo, se quedaba quieto.
Porque desde pequeño aprendió (cruelmente) que “no podía”, que “no debía”.
Porque creyó que “no tenía fuerza” para hacerlo o simplemente que “no tenía sentido intentarlo”.
Y si bien en ese momento podía ser así, cuando creció las cosas cambiaron y aunque tenía la fuerza para cambiar su realidad, no lo hacía.… porque ni lo registró.
¿Te suena conocido?
Esa imagen siempre me generó mucha tristeza.
Por el elefante. Pero también porque ese elefante somos nosotros.
Atados a cadenas (invisibles).
Viviendo en lugares que no nos hacen bien, ni los sentimos nuestros.
Y sin embargo… ahí seguimos.
Porque no nos damos cuenta, no lo vemos.
O no tenemos idea de cómo salir.
O peor aún: ni siquiera pensamos que podemos salir.
Y mientras tanto, hay una vida (una vida mucho más conectada con nuestra esencia)
esperando a que, en algún momento, la descubramos.
8 años que cambiaron todo
Kenya🐘 y yo tenemos casi la misma edad: ella 44 y yo cumplo 46 la próxima semana.
Pero hay una enorme diferencia
Ella vivió casi toda su vida sin poder conectar plenamente con su esencia de elefante: sin vivir con otros de su especie, sin poder elegir cuándo y qué comer, en qué momento revolcarse en la tierra o fregarse contra un árbol, y sin -ni siquiera- poder caminar los 10 km que un elefante necesita, en un piso de tierra.
Y yo -como vos-, sí pudimos -y podemos- elegir conectar cada día más, con nosotros mismos y con cómo queremos vivir.
Hace casi 8 años, Kenya🐘 comenzó el proceso de planificación y entrenamiento que la llevaría a su liberación: ¡8 años parece una eternidad cuando lo pensamos en términos de lograr algo que queremos!
Y al escribir esto, me di cuenta también que hace 8 años desde el momento en que comencé a replantearme seriamente la creencia que más me frenaba:
”que lo mío no era comunicar y que no era buena haciéndolo”
Porque, aunque ya me dedicaba a dar algunos talleres, algo adentro mío se preguntaba constantemente:
¿Qué estoy haciendo yo acá? ¿Por qué estas personas me van a escuchar a mí?
8 años… ¡Wow!
A veces, los procesos que nos llevan a donde queremos ir (o que nos sacan del lugar donde estamos, aunque no tengamos bien clara la dirección) requieren tiempo. Un tiempo que no siempre estamos dispuestos a esperar:
- o porque creemos que es demasiado,
- o porque no es seguro que lleguemos al objetivo (eso nadie lo tiene garantizado)…Y por eso, ni siquiera empezamos a movernos.
Afortunadamente, Kenya sí lo logró (otros elefantes no) y hoy es su primer día completo en libertad, fuera del cautiverio
Pero si no nos movemos, probablemente nos quedaremos siempre con la duda:
- de si hubiéramos sido capaces de lograrlo ¡y que habría sucedido!
- o (al menos) de que hubiéramos podido aprender y en quién nos hubiéramos convertido en el proceso.
Entonces, te invito a pensar:
¿qué camino necesitarías empezar hoy a recorrer para llegar a donde querés?
Lo que antes era normal… hoy podemos no elegirlo más
Me vino otro recuerdo:
Cuando era chica, amaba ir al circo: veía al león flacucho, al elefante imponente.
También amaba ir al zoológico. ¡La cantidad de veces que he ido al de Buenos Aires!
Y recuerdo estar ahí, mirando lo que creía que era un elefante disfrutando (?) de dar vueltas en su recinto ¡en medio del cemento y los ruidos de la ciudad! 🙁
Caminaba por un recinto que, a mis ojos, era enorme, pero hoy, sabiendo cómo debería ser el hábitat natural de un elefante, me parece mínimo, casi criminal.
¿Cuántas cosas teníamos normalizadas… que hoy vemos de otra manera?
Eso que en su momento era lo aceptado, lo común, “lo que es”,
con el tiempo puede volverse inconcebible.
Sí, podemos hablar de lo cultural, de los cambios de época…
Pero también podemos ir a lo concreto y mirarlo en nosotros.
Y empezar a dudar de esas certezas que cargamos.
Esas formas de vivir que ya no queremos, pero que igual repetimos.
Aunque nos incomoden. Aunque nos duelan.
A veces me imagino que pensaría mi “yo” de hace 15 años…
Esa “yo” que trabajaba como contadora.
Esa “yo” que pensaba que nadie iba a querer ser coacheado o mentoreado por ella:
- porque había mucha gente con más experiencia.
- porque ella recién empezaba.
- porque sentía que no tenía nada “nuevo” para aportar.
Estoy segura de que, si pudiera viajar en el tiempo y mostrarles a esas versiones mías todo lo que pasó después… ¡No lo podrían creer!
No porque fuera posible.
Sino porque, en ese momento, ni siquiera podía imaginarlo.
Entonces:
Si pudimos cambiar nuestra mirada sobre los animales en cautiverio y como entretenimiento…
¿Cómo no vamos a poder cambiar la forma de mirar nuestra propia vida?
Sí, nuestra propia vida.
Apropiarnos de ella.
Poner en duda lo que haga falta poner en duda.
Para reescribir nuestra historia.
Como estamos reescribiendo, también, la historia de los elefantes en este país.
Para reflexionar y accionar
Hoy te dejo esta pregunta:
¿Qué certeza hoy te está atando tanto que te duele, te molesta o te incomoda?
¡Me encantaría que me cuentes!
Y si querés seguir explorando, te dejo algunas preguntas más para hacerte:
- ¿Qué verdad aprendiste hace años y te encantaría poner en duda?
- ¿Qué idea sobre vos misma/o estás sosteniendo… aunque ya no te sirva?
- ¿Qué aspecto de tu vida venís aceptando como “normal”, pero cada vez te pesa más?
- ¿En qué áreas de tu vida sentís que, como la elefanta, estás en un recinto que te quedó chico?
- ¿Qué pasaría si te dieras el permiso de romper esa cadena que te ata, esa valla que te contiene?
- ¿Qué versión de tu vida está esperando que des un paso fuera del recinto?
Fuente: https://alemarcote.substack.com/p/22-que-te-esta-atando-sin-que-te