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Hoy Amazon anunció el despido de 16.000 personas más (y vos, todavía buscas la «seguridad» de las grandes empresas?)
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Hoy Amazon anunció el despido de 16.000 personas más (y vos, todavía buscas la «seguridad» de las grandes empresas?)

por Juan Carlos Valda – jcvalda@grandespymes.com.ar

Hoy Amazon anunció el despido de 16.000 personas más. No es la primera vez y, probablemente, no sea la última. La noticia recorrió el mundo en minutos y volvió a instalar una pregunta incómoda que pocos se animan a formular sin clichés: ¿sigue siendo trabajar en una gran corporación sinónimo de estabilidad, desarrollo y futuro? ¿O estamos repitiendo una idea que ya no se sostiene frente a la realidad?

Durante décadas, estudiar, esforzarse y “llegar” a una gran empresa fue presentado como el camino lógico del progreso profesional. Para muchas familias, especialmente en países como los nuestros, tener un hijo o una hija en una multinacional era casi una garantía simbólica de éxito. Buen sueldo, beneficios, marca en el CV y una supuesta tranquilidad de largo plazo. El problema es que el mundo cambió, pero el relato quedó congelado.

La promesa que ya no se cumple

Las grandes corporaciones construyeron su atractivo sobre una promesa clara: previsibilidad. Carreras más o menos lineales, crecimiento interno, reglas claras y cierta sensación de pertenencia. Sin embargo, en los últimos años, esa promesa empezó a resquebrajarse. Los despidos masivos ya no son una excepción ligada a una crisis extrema, sino una herramienta habitual de ajuste estratégico.

Hoy se despide con la misma frialdad con la que ayer se contrató en masa. Los nombres, las historias y los aportes individuales se diluyen en planillas de Excel. Da igual el talento, la antigüedad o el compromiso: cuando el modelo cambia, las personas sobran. Y lo más inquietante es que esto ya no sorprende a nadie. Se naturalizó.

El mensaje implícito es claro: en las grandes estructuras, el individuo es reemplazable por definición. No porque no tenga valor, sino porque el sistema está diseñado para funcionar así.

La trampa del “currículum corporativo”

Muchos profesionales jóvenes siguen persiguiendo la marca en el CV como si fuera un salvoconducto para el futuro. Creen que trabajar en una empresa gigante los hará automáticamente más valiosos. Sin embargo, lo que suele ocurrir es lo contrario: pasan años hiper-especializados en una mínima parte del proceso, sin comprender el negocio como un todo, sin ver el impacto real de sus decisiones y sin desarrollar criterio empresario.

Cuando llegan los recortes, descubren que saben mucho de una tarea específica, pero poco de cómo generar valor fuera de ese ecosistema. Y ahí aparece el vértigo.

No es casual que muchos de los despedidos de grandes corporaciones digan frases como: “Nunca pensé que me iba a pasar a mí”. El problema no es ingenuidad, es haber creído en un modelo que dejó de existir.

¿Y las PyMEs? El lugar que muchos subestiman

Mientras tanto, del otro lado del mostrador, las PyMEs siguen cargando con una reputación injusta. Se las asocia con desorden, informalidad, falta de carrera, sueldos más bajos y exceso de exigencia. Y sí, muchas veces eso ocurre. Pero reducir el universo PyME a sus peores versiones es tan absurdo como juzgar a todas las multinacionales por sus despidos masivos.

La PyME no es un lugar de paso por defecto. Puede ser, y muchas veces es, un espacio de construcción profunda, aprendizaje real y desarrollo auténtico. La diferencia es que no ofrece promesas prefabricadas. Ofrece desafíos.

En una PyME bien gestionada, cada persona importa de verdad. Las decisiones tienen rostro, las ideas se discuten cara a cara y el impacto del trabajo es visible. No hay anonimato. Y eso, para algunos, es incómodo. Para otros, es exactamente lo que estaban buscando.

Trascender no es figurar, es dejar huella

La pregunta central no es dónde se trabaja, sino cómo se trasciende. Trascender no es tener una firma famosa en el mail ni contar en una reunión social dónde se trabaja. Trascender es saber que, si mañana uno se va, algo queda. Un proceso mejorado, una cultura más sólida, un equipo más maduro, un negocio que funciona mejor gracias a decisiones compartidas.

En las grandes corporaciones, esa huella suele diluirse. El sistema se ocupa de que nadie sea imprescindible. En las PyMEs, en cambio, la impronta personal no solo es posible, es necesaria. Sin personas comprometidas, con criterio y mirada amplia, la PyME no crece.

Por eso, cuando alguien dice “quiero hacer carrera”, vale la pena preguntar: ¿carrera hacia dónde? ¿Hacia un puesto más alto en una estructura que no controla su propio destino, o hacia un rol donde pueda influir, aprender y construir algo con sentido?

El verdadero desarrollo profesional

El desarrollo profesional no es acumular años, sino acumular comprensión. Entender cómo se genera valor, cómo se toman decisiones, cómo impactan los errores y cómo se corrigen. Eso no se aprende mirando una parte del tablero, sino viendo el juego completo.

En una PyME, quien tiene ganas, puede aprender de estrategia, de clientes, de costos, de personas y de mercado al mismo tiempo. No porque sea fácil, sino porque es inevitable. Esa exposición, bien acompañada, forma profesionales mucho más completos que muchos “expertos” corporativos.

Claro que esto exige algo a cambio: involucrarse. Pensar. Proponer. Hacerse cargo. Y no todos quieren eso. Algunos prefieren la comodidad de cumplir un rol acotado y esperar instrucciones. El problema es cuando el sistema ya no los necesita.

El desafío también es del empresario PyME

Ahora bien, seamos justos. Las PyMEs también tienen que mirarse al espejo. No alcanza con decir “acá se aprende mucho” si no hay un proyecto claro, reglas mínimas, espacios de crecimiento y liderazgo coherente. Nadie quiere trascender en un caos permanente.

Si una PyME quiere atraer y retener talento, debe ofrecer algo más que sacrificio. Debe ofrecer sentido, aprendizaje y futuro. No promesas vacías, sino un camino posible. Profesionalizarse no es copiar a las grandes empresas, es construir un modelo propio donde las personas importen de verdad.

¿Dónde está hoy la verdadera oportunidad?

La paradoja es clara. Mientras miles de personas salen de grandes corporaciones preguntándose “¿y ahora qué?”, muchas PyMEs siguen buscando gente con compromiso, mirada integral y ganas de construir. Dos mundos que no siempre se encuentran, pero que podrían complementarse mucho más de lo que imaginan.

Tal vez la pregunta no sea por qué la gente quiere trabajar en grandes empresas, sino por qué seguimos creyendo que ahí está el único lugar para crecer y trascender. La realidad demuestra lo contrario.

Hoy, más que nunca, la verdadera oportunidad está donde uno puede pensar, decidir, equivocarse, aprender y dejar marca. Y eso, aunque no salga en los rankings ni en los titulares, sucede todos los días en miles de PyMEs.

No es un camino más corto ni más fácil. Pero es, sin dudas, un camino mucho más propio. Y en un mundo cada vez más impersonal, eso no es un detalle menor.

Fuente: Si quieres leer más artículos de Juan Carlos, busca en: https://grandespymes.ar/category/articulos-propios/

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