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Peor que un vaso medio vacío… es un vaso lleno de nuestros fantasmas

Peor que un vaso medio vacío… es un vaso lleno de nuestros fantasmas

Por Juan Carlos Valda – jcvalda@grandespymes.com.ar

Si hay algo que he visto repetirse en las PYMES una y otra vez, es que no siempre el problema está en lo que falta. A veces el verdadero obstáculo es lo que sobra… o, mejor dicho, lo que guardamos dentro. Me refiero a esos fantasmas que viven cómodamente instalados en nuestra mente y en nuestras decisiones. Fantasmas que no se ven, pero que pesan. Y mucho.

Todos conocemos la metáfora del vaso medio lleno o medio vacío. Es el clásico ejemplo de optimismo o pesimismo. Sin embargo, en la vida real de una empresa —sobre todo en una PYME— me he encontrado con situaciones en las que el vaso está lleno… pero no de agua limpia, sino de miedos, creencias limitantes, viejas heridas y prejuicios que enturbian cualquier intento de avanzar. Ahí está el verdadero problema: no es lo que falta, es lo que está ocupando espacio y no deja entrar nada nuevo.

Los fantasmas que ocupan nuestro vaso

Hablemos claro: no estamos hablando de entes sobrenaturales. Estos fantasmas son pensamientos recurrentes, historias mal cerradas, fracasos que nunca se digirieron, lealtades mal entendidas y hasta frases heredadas que repetimos sin cuestionar.

En el mundo PYME, esos fantasmas se disfrazan de prudencia, de “ya lo intentamos y no funcionó”, de “en este sector siempre se trabaja así” o de “mejor no cambiemos nada, no vaya a ser peor”. Y mientras tanto, las oportunidades pasan delante de nosotros y las dejamos ir porque nuestro vaso está tan lleno de estas ideas que no hay espacio para lo nuevo.

El empresario que tiene el vaso ocupado con fantasmas no toma decisiones con libertad; las toma con miedo. No analiza una inversión pensando solo en sus proyecciones y su mercado, sino que revive mentalmente aquella vez que se endeudó y le salió mal, aunque el contexto y el negocio de hoy no tengan nada que ver. Es como si llevara un archivo histórico en la cabeza y lo consultara para frenar cualquier movimiento.

El precio de no vaciar el vaso

Aquí está la gran trampa: esos fantasmas se sienten cómodos porque los conocemos. En cierto modo, nos dan seguridad. Son parte de nuestra historia y justifican nuestras decisiones. Pero el costo de mantenerlos es altísimo:

  • Nos volvemos reactivos en lugar de proactivos.
  • Tomamos decisiones defensivas en vez de estrategias ofensivas.
  • Buscamos confirmación de nuestros temores más que validación de nuevas oportunidades.
  • Nuestra gente empieza a “heredar” esos miedos como cultura de empresa.

He visto empresas que tenían todos los recursos para crecer, pero no lo hicieron porque el dueño seguía atado a un mal negocio de hace diez años. O casos donde cada propuesta innovadora era rechazada con el argumento de que “en esta empresa eso no funciona”. Lo curioso es que, cuando uno pregunta en qué se basa esa afirmación, la respuesta es siempre una historia vieja, muchas veces mal recordada y peor interpretada.

El contagio interno

En una PYME, el empresario no es solo el dueño; es el principal generador de cultura. Si tu vaso está lleno de fantasmas, inevitablemente vas a transmitirlos a tu equipo. Es más, muchas veces ni siquiera hace falta que los digas en voz alta: tus decisiones, tu lenguaje corporal y tu forma de reaccionar ya los comunican.

Un colaborador que propone algo nuevo y recibe un “no” inmediato sin análisis, aprende que no vale la pena arriesgar. Poco a poco, el espíritu creativo y el sentido de iniciativa se apagan. El fantasma ya no solo vive en tu vaso: ahora vive en el de todos.

Y cuando la empresa completa está condicionada por miedos heredados, la innovación se convierte en una palabra de marketing, no en una práctica real. Ahí es donde se instalan los discursos de “el mercado está muy difícil” o “no hay forma de competir con las grandes”, como si fueran verdades absolutas.

Vaciar para volver a llenar

Si queremos que el vaso tenga espacio para ideas nuevas, tenemos que vaciarlo. Y vaciarlo no significa olvidar o negar lo que pasó; significa resignificarlo. Los fracasos del pasado pueden ser grandes maestros, pero solo si los miramos con la perspectiva correcta.

Vaciar es preguntarte:

  • ¿Esta creencia que tengo todavía es válida o pertenece a un contexto que ya no existe?
  • ¿Estoy tomando decisiones con información actual o con recuerdos filtrados por el miedo?
  • ¿Estoy frenando algo porque de verdad es riesgoso o porque tengo miedo de repetir una mala experiencia?

El acto de vaciar el vaso no es sencillo, porque nos deja expuestos. Durante un tiempo, vamos a sentir que no tenemos dónde agarrarnos. Pero esa es precisamente la oportunidad: solo cuando el vaso está vacío puede llenarse de algo mejor.

Ejemplos reales de vasos llenos de fantasmas

He visto una empresa familiar que rechazó tres oportunidades de asociarse con una cadena de distribución importante porque el fundador había tenido, treinta años antes, un socio que le salió deshonesto. Nada que ver una situación con la otra, pero en su mente, “asociarse” era igual a “perder”. Resultado: la competencia ocupó ese espacio y creció, mientras ellos siguieron achicándose.

Otro caso: una PYME de servicios digitales que no invertía en campañas online porque años atrás había contratado a una agencia poco seria que les robó parte del presupuesto. El fantasma no era la publicidad digital, era la mala elección del proveedor. Sin embargo, la decisión de cerrar esa puerta siguió vigente durante años.

El rol del empresario en este proceso

Aquí es donde el empresario PYME debe asumir que sus fantasmas son responsabilidad suya, no del mercado, ni de los empleados, ni de la historia. Hay que hacer un ejercicio consciente de revisión interna. No es terapia, aunque puede tener un efecto parecido: es diagnóstico empresarial con un componente emocional.

Al final, dirigir una empresa es dirigir también la propia mentalidad. Y si no limpiamos nuestra forma de pensar, cualquier estrategia nueva se va a filtrar por las mismas creencias viejas. El primer paso para innovar no está en la inversión ni en la tecnología, sino en la capacidad de liberar espacio mental y emocional.

¿Qué hacer con los fantasmas?

Los fantasmas no se destruyen ignorándolos. Se disuelven poniéndolos a la luz. Eso significa hablarlos con tu equipo de confianza, revisarlos con datos actuales y, sobre todo, contrastarlos con la realidad. Muchas veces, cuando ponemos un miedo en cifras y lo analizamos objetivamente, descubrimos que no tenía tanto sustento como creíamos.

En la PYME, un ejercicio útil es reunir a las personas clave y revisar los “no” históricos. Preguntar:

  • ¿Por qué dijimos que no?
  • ¿Sigue siendo válido ese motivo?
  • ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Te sorprendería ver cuántas decisiones se mantienen vivas solo por inercia y no porque tengan sentido hoy.

Del vaso lleno al vaso útil

El objetivo no es tener un vaso vacío para siempre, sino llenarlo con lo que realmente nutre: información actual, oportunidades reales, estrategias ajustadas al presente. Eso es lo que nos da fuerza para crecer sin quedarnos atrapados en historias viejas.

Un vaso medio vacío puede llenarse. Un vaso lleno de fantasmas primero hay que vaciarlo. Y cuanto antes lo hagas, más rápido vas a poder darle a tu empresa el impulso que necesita.

Puedes leer más artículos de Juan Carlos Valda en https://grandespymes.ar/category/articulos-propios/

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