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¿Saben todos en la empresa cómo su trabajo impacta en la rentabilidad?

Por Juan Carlos Valda – jcvalda@grandespymes.com.ar

El impacto invisible del trabajo diario

Párate un segundo y hazte esta pregunta incómoda: ¿todos en tu empresa saben cómo su trabajo impacta en la rentabilidad? No si trabajan mucho o poco, ni si cumplen con sus tareas, sino si entienden realmente de qué manera cada acción, cada decisión y cada error influye en el resultado final. Si la respuesta es “no” o si dudas, entonces tienes un problema serio. Porque cuando las personas no conectan su trabajo con la rentabilidad, lo que se pierde no es solo eficiencia, lo que se pierde es cultura empresarial.

La desconexión entre tarea y resultado

En la mayoría de las PYMES, cada área trabaja en su propio mundo. El de administración se concentra en las cuentas, el de producción en sacar pedidos, el de ventas en cerrar operaciones, y así sucesivamente. Pero pocas veces alguien se detiene a explicar cómo cada una de esas actividades afecta la rentabilidad de la empresa. Esa desconexión hace que el personal trabaje como si estuviera en compartimentos estancos: cada uno hace lo suyo sin entender que forma parte de un engranaje.

El problema es que cuando se desconecta la tarea del resultado, el trabajo se vuelve rutinario, mecánico, sin sentido de propósito. Y sin propósito, la motivación baja y los errores aumentan.

La rentabilidad como concepto abstracto

Para muchos empleados, la rentabilidad es algo que pertenece al dueño, a la contabilidad o al “mundo de los números”. No la sienten como algo propio. Creen que mientras cumplan su horario o su función, ya hicieron lo que les corresponde. Pero la verdad es que cada acción influye en la rentabilidad, aunque no siempre sea evidente.

Un administrativo que no controla bien una factura, un operario que desperdicia insumos, un vendedor que otorga un descuento innecesario, todos están impactando en la utilidad final. El problema es que nadie se los explica con claridad. Y lo que no se entiende, no se cuida.

El empresario como traductor de impacto

Aquí entra en juego el rol del empresario. Su responsabilidad no es solo dirigir y controlar, sino traducir el impacto del trabajo en resultados. Explicar de manera concreta cómo lo que hace cada persona se refleja en la rentabilidad. No con números fríos, sino con ejemplos claros: “cada error de facturación nos cuesta tanto”, “cada 1% de desperdicio en este insumo equivale a X pesos menos de utilidad”, “cada venta con descuento innecesario nos quita el margen que necesitamos para pagar sueldos”.

Cuando el equipo entiende esa conexión, cambia la manera en que se relaciona con su propio trabajo.

La trampa de la información escondida

Muchas PYMES todavía manejan la información económica como si fuera un secreto del dueño. No se comparte, no se explica, no se traduce. Y lo que no se comunica se convierte en terreno fértil para la desconexión. No se trata de mostrar todo el balance, sino de bajar la información al nivel en que cada persona pueda comprender su impacto.

La trampa de esconder información genera el efecto contrario al buscado. El empresario cree que protege, pero lo que hace es debilitar. Porque un equipo que no sabe cómo impacta en la rentabilidad nunca va a cuidarla.

El costo de la indiferencia

Cuando la gente no percibe su impacto, se instala la indiferencia. Y la indiferencia es carísima. Nadie se preocupa si se desperdicia material, si se tarda de más en un proceso o si se pierden oportunidades. Total, “eso es problema del dueño”. Esa frase silenciosa, que muchos piensan aunque no la digan, se convierte en una fuga invisible de dinero todos los días.

Lo más caro que puede pagar una PYME no es un error puntual, sino la indiferencia sistemática. Un error se corrige; la indiferencia se multiplica.

La diferencia cuando todos entienden

Ahora imagina lo contrario. Imagina un equipo donde cada persona sabe exactamente cómo su trabajo impacta en la rentabilidad. El administrativo revisa con más cuidado porque sabe que un error le cuesta caro a la empresa. El operario cuida el insumo porque entiende que cada desperdicio baja el margen. El vendedor negocia con firmeza porque sabe que no es lo mismo facturar mucho que ganar.

Ese entendimiento no se logra con charlas motivacionales, se logra con claridad y con información traducida. Cuando todos ven la conexión entre su tarea y el resultado final, la cultura cambia: se instala la responsabilidad compartida.

El empresario como líder pedagógico

El empresario debe asumir un rol que muchas veces evita: el de maestro dentro de la empresa. No basta con decir “hay que cuidar los costos” o “hay que vender más”. Hay que explicar con ejemplos concretos, con metáforas claras, con comparaciones simples. La rentabilidad no puede quedar como un concepto abstracto de balance; debe transformarse en algo tangible que cada colaborador sienta que toca con su propio trabajo.

Ser líder también significa educar. Y en las PYMES, esa educación pasa por mostrarle a cada persona cuál es su impacto en la rentabilidad.

¿Por qué cuesta tanto hacerlo?

Porque implica romper con ciertos paradigmas. Uno de ellos es el miedo a que el equipo “se crea dueño” si conoce información de rentabilidad. Otro es la falta de tiempo: el empresario vive ocupado en lo urgente y no se toma el espacio de enseñar. Y el más profundo: muchos empresarios no tienen ellos mismos claridad sobre cómo se construye su rentabilidad, confunden facturación con ganancia y, en consecuencia, no pueden transmitir lo que no dominan.

Reconocer esta limitación es incómodo, pero es el primer paso para resolverla.

El desafío de profesionalizar

Que todos en la empresa entiendan cómo impactan en la rentabilidad no es un lujo, es un paso clave en la profesionalización. Una empresa profesional no es la que solo tiene manuales o tableros de control, sino la que logra que cada persona sea consciente de que forma parte de un todo y que ese todo se sostiene con resultados. Profesionalizar es poner a la rentabilidad en el centro y hacer que todos se sientan responsables de ella.

La pregunta sigue en pie: ¿todos en tu empresa saben cómo su trabajo impacta en la rentabilidad? Si la respuesta es no, tienes un problema de cultura, no de números. Porque la rentabilidad no se construye solo en el Excel, se construye en cada acción cotidiana. Cuando el equipo entiende esa relación, la empresa deja de ser un barco donde solo el capitán mira la brújula y se convierte en una tripulación que rema en la misma dirección.

La rentabilidad es el resultado de un esfuerzo colectivo. Y ese esfuerzo solo aparece cuando cada persona comprende que lo que hace —o lo que deja de hacer— marca la diferencia

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